El auge del K-pop (y el declive del J-pop)

“Gentleman”, el último sencillo de Psy, ha superado ya los 500 millones de vistas en YouTube. Va camino de convertirse en el vídeo más visto de la historia. Con permiso de “Gangnam Style”, claro. El pop surcoreano (K-pop) parece haber surgido de ninguna parte. Hasta hace apenas unos años, Japón era el único país asiático del que nadie sabía nada, musicalmente hablando. Y había que ser un friki para saber algo. Como bien indica Google Trends, el ascenso del K-pop entre la comunidad global de fans es paralelo a la pronunciada crisis de su homólogo nipón. En una palabra: Corea (en color azul) ha ocupado el vacío dejado por Japón (en color rojo). Los picos de “Gangnam Style”, a finales de 2012, tan solo apuntalan el auge del K-pop.

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El resto es un artículo que he escrito para Entretanto Magazine. Aquí puedes seguir leyendo.

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Retro retro retro (primera parte)

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En el útimo mes he querido escribir sobre la música “retro”, pero lo que hecho ha sido tocarme el pie y comenzar un blog sobre Tailandia. Así que nada. Solo voy a presentar a Howard Williams, a quien llevo siguiendo la pista durante años. Howard Williams ha editado algunos de mis recopilatorios favoritos, tales como Nippon Guitars Killing MelodyEl primero, publicado al poco de publicar yo MI LIBRO, es un recordatorio de lo bien que suena Takeshi Terauchi y el surf-rock en general en formato vinilo. El segundo es una perla setentera inigualable: sucia y sedosa, porno para los oídos.

Howard Williams es el propietario de ETHBO, un sellito independiente sin Facebook ni blog ni nada de nada, que produce rarezas y caprichos varios en años de vacas gordas. También colabora con la bien conocida discográfica vintage ACE. En 2008 ACE sacó Nippon Girls, mega-éxito internacional, obra de la guapa Sheila Burgel. Ahora ACE y Howard Williams editan Masaaki Hirao and His All Stars Wagon: Nippon Rock, the Birth of Japanese Rokabirii, 1958-1960. Masaaki Hirao fue uno de los dos o tres “Elvis japoneses” que hubo en Japón a finales de los años 50. En realidad, casi todos los pioneros, incluso Kyu Sakamoto, comenzaron jurando sobre la Biblia del rockabilly.  Y no, este no es un acto de “copia y pega” oriental. Aquí hay rock ‘n’ roll de cuando casi no había guitarras eléctricas, filtrado a través de una densa tradición, que precede y se superpone a Occidente. Lo espero con impaciencia amorosa, como si fuera Goldie Hill, viendo pasar de largo al cartero en 1952.

Aquí tienes la entrevista y una muestra de lo que ofrece Masaaki Hirao: Nippon Rock, según la mano de Howard Williams.

¿Cuándo nació tu interés por la música nipona? ¿Hay alguna canción, algún grupo, sello o historia que te empujaran a saber más sobre el rock japonés?

De niño tuve la suerte de ver en vivo al gran percusionista Stomu Yamashta, como parte de la compañía teatral Red Buddha [una troupe de rock progresivo que actuó en Europa en los años 70]. La banda sonora fue uno de los primeros discos que compré. La escuchaba continuamente en aquella época, pero luego languidecería en mi colección. Hace no mucho tiempo la volví a escuchar (con otros oídos) y me gustó tanto que la añadí a la lista de temas que pincho en vivo.

En el espectáculo de Yamashta, había un par de canciones de estilo Min’yō [folk japonés, tocado con el shamisen], escritas en la escala pentatónica. Cuando empecé a visitar Japón por cuestiones de  trabajo, y más tarde de vacaciones, escuché más música compuesta en esta escala y me acostumbré a los sonidos. Tiene algo en común con otras escalas orientales que también puedes encontrar en la música africana o árabe, en el folk y en el blues. Las canciones que me llamaban la atención sonaban en todas partes: en bares, en tiendas, en la televisión, e incluso en el hilo musical de los aviones.

En una de mis visitas a Japón, me hice amigo de un otaku, que compartía mis gustos musicales occidentales, y que  me abrió la caja de sonidos  nipones con una serie de mixtapes. Hasta la fecha, ha creado más de 800 cassettes, todos ellos diferentes. Es un logro increíble, yo solo tengo una pequeña selección, pero lo que tengo me lanzó en un nuevo camino de descubrimiento. A través de contactos en compañías discográficas también he tenido el privilegio de ver en vivo a algunos de los más legendarios músicos de folk japoneses. The Jacks fue el primer grupo que me impactó, con su mezcla de folk, garage y jazz, con un resto de The Velvet Underground (aunque lo más probable es que esto último fuera accidental).

¿Eres coleccionista? ¿Cuántos álbumes nipones tienes? ¿Cómo te hiciste con ellos? ¿Vas a Japón con el propósito de comprar discos?

Sí, lo soy. Comencé a comprar en mi primer viaje. Una re-edición del primer LP de Takeshi Terauchi fue parte del botín. Me cautivó de inmediato su versión eléctrica de antiguas canciones folk japonesas, y enseguida me sentí empujado a conocer más. Busco en internet, hago expediciones a tiendas cada vez que estoy en Japón e incluso encuentro algún disco que otro en Londres, aunque esto no suele ocurrir. No me gusta llevar la cuenta. Debe de haber más de mil en mi colección: LPs, 78s, 45s, y también algunos CDs. Pero este es el resultado de una criba hecha durante muchos años entre miles de discos más. El periodismo musical está saturado con imágenes de DJs posando junto a sus voluminosas discotecas. Es la calidad y no la cantidad lo que cuenta.

¿Escuchas nueva música japonesa? ¿Qué opinas del J-pop?

Me temo que no. Conozco las novedades, pero el pop moderno me interesa muy poco, y no creo que sea una cuestión de edad solamente. Siempre ha habido mala música pop, y siempre ha habido buena música pop, e incluso la ha habido genial, pero es obvio que la producción, el talento y la composición contemporáneos no se acercan al calibre de las décadas pasadas. El J-pop, como el resto del pop actual, es demasiado corporativo para mi gusto. [El traductor quiere insistir aquí en la imposibilidad de no meter a todo el pop en el mismo saco artístico-mercantil].

AKB48 es un buen ejemplo de cómo la música popular ha evolucionado hasta convertirse en una máquina eficiente y despiadada de marketing y bombo. El pop siempre ha tenido sus “fábricas”, pero al comparar la innovación y calidad de, por ejemplo, Joe Meek, Motown y Studio One, con lo que está disponible en la actualidad, uno tiene muchas dificultades para encontrar materiales tan duraderos en la melé contemporánea.

¿Escuchas algún otro tipo de música asiática?

Si, claro, también tengo discos de Indonesia, Malasia, Singapur, Tailandia y otros lugares en el camino.

Veo que eres un DJ. ¿Qué opinas de la música nipona de los años 60 y 70? ¿En qué se diferencia de aquella hecha en los Estados Unidos y el Reino Unido?

Es interesante que países como Japón tomen estilos, como el R ‘n’ B y el Rock ‘n’ Roll, y los adapten a su propio gusto. Quizás es una cosa isleña. Igual que Jamaica absorbió el R ‘n’ B e inventó el reggae, el kayokyoku [el pop propiamente dicho hasta la década de 1980] en Japón evolucionó hasta convertirse en un sonido japonés con tintes occidentales, a veces con motivos folk, junto a una producción e instrumentación occidentales. Las grandes compañías discográficas niponas siempre han mantenido a orquestas de mucho talento, así como a músicos de estudio y productores, que crearon grandes canciones.

La diferencia puede residir en que una canción haya sido escrita en una escala occidental mayor o menor, o en una escala japonesa pentatónica mayor o menor, o en una mezcla de cualquiera de estas. Siempre ha habido una larga tradición de blues en la música popular japonesa. El mejor ejemplo es el enka, el tipo de balada que se escucha mejor bebiendo sake en un pequeño bar del centro. Se han hecho bastantes comparaciones entre este tipo de música y el country estadounidense. La tradición blues también se puede ver en el kayokyoku y otros estilos japoneses. Hay multitud de platos nipones que contienen dashi (caldo) con sabor a blues. Desde los años 20 hasta la posguerra, muchas canciones japonesas eran llamadas burusu o blues. No eran blues en el sentido afroamericano de la palabra, pero sonaban un poco a blues.

Lamentablemente, hay menos garage en el rock nipón de los 60. Las bandas con esa crudeza elemental escasean. Parece que los sellos discográficos siempre querían incluir una orquesta, también en los grupos de guitarras. [Esto sí que es interesante, nunca lo había pensado, aunque creo que el garage está presente a veces en las caras B, donde hay muchas menos trompetas]. Las cosas mejoraron en los 70, cuando muchos grupos japoneses encontraron su propia voz.

¿Qué relación hay entre Ethbo y ACE? ¿Cuál es la historia detrás de estos sellos?

No están relacionados, salvo por mi trabajo. ACE Records es un sello legendario de reediciones, en marcha desde mediados de los 70. ACE distribuye a muchas otras discográficas muy pequeñas.

Ethbo es un sello minúsculo, que yo mismo comencé a mediados de los años 90. Solo edito discos muy ocasionalmente, sobre todo debido a la falta de dinero. Y no tiene una estructura definida. Los últimos lanzamientos fueron Killing Melody, una recopilación de bandas sonoras delPinky Violence, seguido de un disco de Dean Carter, disidente rockabilly/garage de los años 60. Antes de eso, saqué el álbum post-rock de una banda tokiota, los sonidos de un artista de vanguardia, las canciones de un cantautor estadounidense, y algo más. También soy co-director de otro pequeño sello desde los años 90, Rita Records. Nuestro primer disco se convirtió en un éxito internacional, pero esta es otra historia. [Creo que se refiere a esta maravilla de Island Boy].

¿Cuáles son los discos más populares de estos sellos?

Según parece una recopilación de temas de Wanda Jackson es uno de los grandes triunfos de ACE. Es pura coincidencia, pero Wanda Jackson tuvo una canción muy popular en Japón a finales de los 50: una versión de “Fujiyama Mama” [No he hablado de esta canción en el blog, pero la letra, número 1 en Japón en 1957, no tiene desperdicio: “I’ve been to Nagasaki / Hiroshima too / The same I did to them baby / I can do to you”].

Hablemos de la recopilación surf-rock, y del disco Nippon Girls… Si no es mucho pedir, ¿sabes cuántas copias se han vendido en total? ¿Cuántas en vinilo? ¿A qué países se las envíais? ¿Recibís muchos pedidos de Japón?

Los dos discos Nippon se han vendido muy bien. No conozco las cifras exactas. El vinilo de Nippon Girls (editado por Sheila Burgel) lo sacamos muy recientemente, tras recibir pedidos de Japón. Ha sido un éxito absoluto, aunque el CD saliera hace ya cuatro años. Nippon Guitars también ha funcionado bien, ¡pero el surf-rock y la música instrumental son más difíciles de vender que el pop femenino yeyé! EE.UU. y Alemania son probablemente los dos mercados más importantes. Ambos títulos fueron re-editados en Japón. Mi próxima recopilación con ACE [la que presento aquí] es Nippon Rock ‘n’ Roll: Masaaki Hirao, y explora el nacimiento del rock ‘n’ roll en Japón. Estas grabaciones fueron hechas seis años después de la ocupación Aliada de Japón, y durante los primeros murmullos de la rebelión juvenil.

¿Por qué crees que a la gente le atrae la música retro?

“Nada nuevo bajo el sol”. ¿Por qué acudir a las imitaciones cuando puedes escuchar el original?

Cuando pinchas… ¿analógico o digital?

Analógico siempre. Cualquiera puede bajarse un MP3 o copiar un CD. Pinchar el formato original es otra cosa.

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1. When did you get interested in Japanese music? Was there a particular song, band, label o story that made you want to know more about Japanese rock?

I was very fortunate as a child to have seen the great percussionist Stomu Yamash’ta, and his staging of the Red Buddha Theatre. The soundtrack album was one of my first record purchases, played repeatedly back then, but languished in my collection until only recently, when I heard it with new ears, and made it part of my set. In Yamash’ta’s show, there were a couple of minyou style songs, written in the pentatonic scale. Once I started visiting Japan on business, then for holidays (and business) I heard more music composed in this scale and became attuned to it. It has a commonality with other eastern scales that you may find in Arabic and African music, folk songs and the blues. Tunes that caught my attention were everywhere, in bars, shops, on TV, and even inflight entertainment radio. On another visit to Japan, I befriended a musical otaku, (geek,  nerd or obsessive) who shared my taste in western music and opened up the Japanese musical box to me with his mix-tapes. He has made over 800 cassettes – all different – an incredible feat, I only have a small selection, but they set me off on the road of discovery. Through record company connections I have also been privileged enough to see some legendary Japanese folk musicians’ performances. In terms of Japanese rock, The Jacks were the first band that struck me, with their particular blend of folk, garage and jazz, with a smattering of the Velvet Underground (though it is most likely this is accidental).

2. Are you a music collector? How many Japanese albums do you own? How did you find them? Do you visit Japan, buy records there?

Indeed, I started buying on my first trip, a reissue of Takeshi Terauchi’s first LP was among that hoard. I was immediately taken by his electrifying of old Japanese folk tunes and had to hear more. I search the web, go on buying trips whenever I’m in Japan and even find the occasional record in London, but that’s pretty unusual. I don’t like to bean count, there must be over 1000 in my collection – LPs, 78s, 45s, even some CDs – but these have been sifted from  thousands more, over the years. The music media is swollen with images of DJs standing in front of their voluminous record collections; it’s quality, not quantity that counts.

3. Do you listen to new music from Japan? What’s your opinion about j-pop?

I’m afraid not. I hear of the newer acts, but have very little interest in modern pop, and I don’t believe it’s just a matter of age. There has always been bad pop and there’s always been the good, or even great, but it’s obvious that contemporary production, songwriting and talent are nowhere near the calibre of previous decades. J-pop, like all pop these days, is too corporate for my taste. AKB48 is a great example of how popular music has evolved into a mercilessly efficient hype and marketing machine. Pop has always had its ‘factories’, but comparing the innovation and quality of, say, Joe Meek, Motown or Studio One, to what is available now, one would be hard pushed to find any such lasting material in the current melee.

4. Do you listen to any other Asian music?

Certainly, I also have records, from Indonesia, Malaysia, Singapore, Thailand and a few other stops on the way.

5. I have seen that you’re a DJ. What’s your opinion about Japanese 60s and 70s music? How is it different from the music made in the US or the UK?

It’s interesting how countries like Japan take styles, like R’n’B or Rock’n’Roll, and adapt them to their own taste. Maybe it’s an island thing, just as Jamaica absorbed R’n’B and invented reggae, kayokyoku in Japan evolved into a western tinged Japanese sound, sometimes with folk motifs, alongside western instrumentation and production. The larger Japanese record labels always maintained high quality in-house orchestras, backing musicians and producers, who created some great music. The difference would be that a song may have been written in a major or minor western scale, or Japanese pentatonic major or minor, or a blend of any of them. There has long been a strand of blues throughout Japanese popular music. The most apparent example is enka, the  torch-song ballad best listened to over several cups of sake in a small downtown bar, comparisons between this musical form and American country have been made often. The strand also runs through kayokyoku and other Japanese styles, a blues dashi (stock) for many musical dishes. From the 1920s to post war, there were numerous songs called burusu or blues. They were not specifically blues in the African-American sense, but taking a note out of that songbook – ‘bluesy’.

Sadly, there’s less garage in Japanese 60s rock,  bands with that elemental rawness are thinly spread. Record labels seemed to always want to use their orchestras, even with guitar groups. Things came together more in the 70s, when more Japanese bands found their own voice.

6. How is Ethbo related to ACE? Would you tell me the story of these labels?

They are not related, other than through my work. Ace Records is a legendary reissue record label, which has been running since the mid 1970s and is an umbrella for a host of other fine labels.

Ethbo is a tiny label, set up in the mid 90s by myself. I only release titles very occasionally, mainly due to lack of money. The style of the label is completely unstructured, the last two releases were Killing Melody, a compilation of Pinky Violence soundtracks, followed by the 60s rockabilly / garage maverick Dean Carter, before that, a Tokyo based post rock band, an avant-garde artist, an American singer-songwriter, and more. I also co-ran another small label in the 1990s, Rita Records, our first release became an international hit, but that’s another story.

7. What are the most popular albums -artists, compilations?

Apparently a Wanda Jackson compilation is one of Ace’s biggest sellers, coincidentally, she had a hit in Japan, in the late 50s, with a cover version of “Fujiyama Mama”.

8. About the surf compilation and the Nippon Girls album… If it’s not too much to ask, do you know how many copies have been sold so far? How many of them on vinyl? Which countries do you ship them to? Do you get many orders from Japan? (Do you have any stats I can use?).

Both the Nippon titles have sold very well. I don’t have exact figures. The Nippon Girls (compiled by Sheila Burgel) vinyl was only produced recently, after requests from Japan, it has been a roaring success, even though the CD was released four years ago. Nippon Guitars has also been successful, but surf and guitar music is harder to sell than 60s female pop! America and Germany are probably the largest markets for these albums. Both titles were given a domestic release in Japan. My next compilation on Ace is due at the end of June 2013, Nippon Rock’n’Roll: Masaaki Hirao, which charts the birth of rock’n’roll in Japan. The recordings were made six years after the Allied occupation of Japan and during the first rumblings of youth rebellion.

9. Why do you think people are attracted to retro music?

“There is nothing new under the sun”. Why go for a pale imitation, when you can listen to the real thing?

10. What did you play on your last set? Analog or digital?

Strictly analogue, anyone can burn MP3s off the internet or copy CDs, but to play the original format is something else entirely.

Akiko Yano | Iroha ni Konpeitou (1977)

Algunas cubiertas son memorables y otras no. Esta lo es. Akiko Yano se embutió en un mono de color naranja y levantó un delfín por detrás de la cabeza para la portada de su tercer disco, Iroha ni Konpeitou, publicado en 1977. Nació en 1953, y muy pronto demostró su talento como pianista… Pero dejemos esto para luego, está explicado en Wikipedia y por ahí, en los blogs. Su primer disco, Japanese Girl (1976), sorprendió a todos por su inédita frescura. De hecho, es una de las pocas producciones japonesas que llegaron a oídos internacionales (fue grabado en Los Ángeles) y que movieron a los críticos a decir, entre líneas, que Japón era algo más que un país de imitadores.

Los críticos a menudo son culpables de opiniones paternalistas: el pop japonés siempre ha sido claramente japonés, lo cual no quiere decir que siempre haya sido bueno. Pero hay algo de verdad en la valoración de Japanese Girl, ya que pertence a la familia de discos nipones que parecen haber sido grabados por gente que no escuchó más música que la propia durante muchos meses. De ahí su tremenda originalidad. En esta geneaología ilustre encajan, por ejemplo, el primer álbum de Happy End (el homónimo Happy End, 1970) y la presentación en solitario de Jun Togawa, Tamahime-sama, en 1984. Son los cimientos de pop alternativo japonés. Iroha ni Konpeitou es más de lo mismo, en el buen sentido de la expresión.

Y esto es lo que dice Wikipedia: Akiko Yano estuvo casada con el celebérrimo Ryuichi Sakamoto, y fue colaboradora de Yellow Magic Orchestra. Recientemente, formó parte de un dúo de ensueño con el productor electrónico Rei Harakami, que por desgracia falleció en 2011. Y la hemos visto en directo, tocando el piano junto a la explosiva Hiromi Uehara. Las comparaciones son odiosas, sobre todo entre culturas, pero también son inevitables: Akiko Yano tiene un aire a Kate Bush. Es decir -esto lo digo yo, no Wikipedia-, Kate Bush tiene un aire a Akiko Yano, porque el primer álbum de la vocalista inglesa no apareció hasta 1978. Aunque lo que me apetecía mostrar hoy era, más que nada, esa portada.

Rokku: una historia del rock japonés

Algunos de vosotros recordaréis que el año pasado, mientras jugábamos el Mundial, os aburrí con algunas entradas sobre la historia del rock japonés. El resultado de ese trabajo es el libro Rokku: una historia del rock japonés (1945-2010), que acaba de publicar la editorial Quarentena. Rokku ofrece una perspectiva general del pop-rock nipón, y abarca desde el rockabilly de 1955 hasta el indie y el revival de los últimos veinte años. La historia se divide en varios capítulos que siguen, más o menos, un orden cronológico:

1. Rock ‘n’ roll: una introducción al Japón de la postguerra, a la ocupación yanqui, a la penetración del American Way of Life, al cine y la televisión, a los primeros idoru o ídolos juveniles, a Elvis y el surf-rock.

2. Pop: la beatlemanía según Japón, los grupos más cursis y los más interesantes, el huracán mod, las dulces voces femeninas, el origen del kawaii y la vaporosa transición a la psicodelia.

3. New Rock: el hard rock, Hendrix y Cream y Joplin y Black Sabbath, Pink Floyd y Hair aterrizando en Tokyo desde Marte, las revueltas universitarias, los riffs, el terrorismo.

4. Punk:  los pioneros y la escuela de Sex Pistols, el Art Punk y la pose intelectual, los comienzos de la electrónica y el espectro del hardcore, los primeros clubes, el cine basura, el principio del mosh pit, los sellos independientes.

5. Noise: el extremo último, lo más original, salvaje e incoherente, la destrucción del escenario, la pornografía, el bondage, lo cutre elevado al cubo, el misterio, la esencia misma del rock ‘n’ roll, o puede que no.

6. Indie: una reflexión acerca del presente de la cultura popular japonesa, mujeres y hombres, Lolitas etcétera, el auge de lo “retro”, el influjo de Nirvana, el cool Japan y el sambenito de la “falta de originalidad”.

Rokku viene con bastantes fotos. Los créditos son muchos y están incluidos en el libro. Aquí baste decir que la estupenda imagen de la portada (Oni de Afrirampo) es de Nathan Wind. Su Flickr no tiene desperdicio. Gracias, por cierto, a todos los que me habéis echado un cable, directa o indirectamente. También os he mencionado, salvo accidentes de la memoria, directa o indirectamente.

Podéis encontrar Rokku en tiendas otaku, en antros especializados y en cuchitriles generalistas. Y en Amazon.es y también en fnac.

Jun Togawa: la mosca en la sopa del pop nipón

En una entrevista reciente, Jun Togawa, la reina del pop bizarro japonés, admitía su fascinación por los gusanos. Para satisfacer esta sed, dice la cantante, desde niña visita con cierta frecuencia el Museo del Parásito de Meguro, Tokyo. No es un museo cualquiera, como el lector adivinará, es un lugar en movimiento en el que las vitrinas son también terrarios. Bajo el microscopio, las piezas expuestas son turbadoras y viscosas. Para Jun Togawa, el sitio es un cajón de sastre, algo en lo que hurgar.

Los discos de Togawa están llenos de fantasías viscerales o escatológicas: brazos amputados, sangre, lombrices y crisálidas. Esta sería la línea argumental, la nube de tags de sus treinta años de carrera. Pero hay algo más, algo que le impide perderse en el espacio de los culturalmente leprosos, algo que la mantiene en la órbita del planeta pop. Jun Togawa, en efecto, ha vivido siempre en el umbral. Es como si jugara a la fealdad, a sabiendas de que todo el mundo quiere ver en ella a una sex symbol.  Trae a la mente a Lady Gaga. Togawa, sin embargo, no es un timo corporativo y siempre ha sido verdaderamente única.

Comenzó en 1979, durante la marea punk. Entonces cantaba en el grupo Halmens, al que también perteneció Maki Nomiya, futura líder de Pizzicato Five. Del art-punk, hacia 1981, surgió Guernica, un trío que evocaba el colonialismo cool de los años treinta: Shanghái y Hong Kong y otros lugares de elegancia subtropical donde, a treinta y cinco grados de temperatura, se bebía el té como si nada bajo la hélice febril de los ventiladores. Guernica eran teatro y sintetizadores, a veces violines. Eso es Jun Togawa.

Durante los años 80, se convirtió en una pequeña referencia de la cultura popular japonesa. La invitaron a programas de televisión, la contrataron para rodar “modernos” anuncios de retretes y la entrevistaron a menudo. Ella se mantuvo siempre con un pie en el limbo: rompía a llorar delante de las cámaras, improvisaba rutinas que dejaban al público atónito y respondía a felices preguntas pop hablando de cuándo le venía la regla. A los periodistas, hasta que podían dar paso a la publicidad, les caía una lenta lágrima de sudor por la frente.

Este vídeo, una especie de actuación en un show de variedades nipón, también lleva la marca extraterrestre de Jun Togawa; te darás cuenta, sobre todo, si lo ves hasta el final.

Desde un punto de vista musical, lo más interesante es su voz. A veces, uno tiene la impresión de que su forma de cantar (discordante a propósito) oculta melodías potencialmente comerciales. Y esto también es Jun Togawa: una metamorfosis perpetua. Su disco más conocido es Suki Suki Daisuki (1985), aunque su pertenencia a Yapoos (ヤプーズ), más o menos en activo entre 1985 y 1995, le ha traído bastante éxito. Ha tenido momentos cinematográficos y ha vivido entre bambalinas, interpretando a Chejov entre otros. Y las colaboraciones han sido muchas y muy interesantes. 20th Jun Togawa, un espléndido álbum de versiones, permite comprobar hasta qué punto se desvía del canon.

Ella misma se explica así:

Mis canciones han sido siempre recibidas con críticas buenas y horribles por igual. A quienes no les gusta mi música dicen que hace a la gente sentirse incómoda, ya que escribo sobre cosas como humanos que se vuelven insectos. Hay quien encuentra mis discos desagradables, físicamente desagradables, y hay quien se niega a aceptarlos como música. Dicen que la música debe entretener y divertir a la gente, emanar felicidad… Me inquieta tanto esa idea…

Supongo que estamos hablando de pop, un estilo limpio e inocente. Quienes aceptan a Jun Togawa, aceptan también las transgresiones de su propuesta. Que el pop sea equiparado a un trozo de carne que se descompone, por ejemplo, es una blasfemia. Pero ella no quiere quemar los puentes, no quiere dejar de ser mediática. Es su condición de intrusa en este mundo de música previsible y celebrities insulsas lo que la hace tan atractiva.