Number Girl

Source:emimusic.jp

En el otoño de 2003 no tenía nada que hacer, así que me fui a Francia a dar clases de español. Ante la falta de empleo, exprimiendo los ahorros, acabé tomando clases de francés. Una de mis compañeras era Ryoko, japonesa, francófila, amante del impresionismo y de cualquier otro producto de la marca «Europa.»  Entonces yo hacía noche en un hostal juvenil, junto a la universidad. El sitio olía a pies cada mañana. Ryoko alquilaba un cuarto enmoquetado y limpio, en el sótano de una casa grande, que se erguía burguesamente sobre una de las colinas de Lyon. Estábamos en Lyon, por cierto.

A través de Ryoko pude conseguir un apaño similar en la misma casa. Mi habitación también parecía limpia, aunque era más pequeña y no tenía moqueta. Como los dos rozábamos la pobreza, y como en invierno en Lyon hace un frío del carajo, perdíamos las tardes en el sofá de su cuarto, escuchando música. La discoteca portátil de Ryoko incluía a The Strokes, un recopilatorio de Edith Piaf y un par de CDs japoneses. Uno de estos era Num-Heavymetallic (2002), el último disco de Number Girl, y mi primer descubrimiento del indie japonés.

Hasta esa fecha mi exposición a la cultura pop nipona había sido superficial. Sigue siéndolo, aunque ahora menos que antes. Antes conocía las imágenes de Hello Kitty y Lolita, y había visto a los imitadores de Elvis en la televisión. Por la misma fuente, sabía del frikismo general que se destila en Japón. No leía manga (ni lo leo, leo libros) aunque por supuesto sabía lo que era. En cuanto al animé, los dibujos animados nipones me resultaban familiares desde la infancia, como a cualquiera de mi edad. ¿Grupos japoneses? Pizzicato Five y casi ningún otro. Supongo que me imaginaba que serían una inocente copia de los occidentales, parecidos a los imitadores de Elvis.

Number Girl me dejaron boquiabierto. Eran todo lo que se podía pedir de un grupo: eran duros y técnicos, y mezclaban préstamos euro-americanos con formas musicales exóticas. Sobre todo, tenían actitud, no parecían estar dando siempre las gracias ni haciendo reverencias. Este lado de Japón no se ve en España, pensé. Chapurreando francés, le comuniqué mis impresiones a Ryoko, y creo que me entendió. Mi discoteca incluía a Strokes y, por el lado patrio, el Devil Come to Me de Dover y un CD de La Cabra Mecánica. Los puse en su minicadena y, según dijo, le gustaron.

En mayo de 2004 yo me fui a Londres a hacer un doctorado sobre el Amazonas (había estudiado historia,  itinerario de  antropología de América, en la Universidad Complutense) y ella consiguió un empleo como guía turística en Italia (hablaba italiano mejor que francés). Pronto, sin embargo, regresó a Japón para seguir estudiando. La música alternativa japonesa ya era  uno de mis pasatiempos favoritos. Me gustaba saber de una escena que muy poca gente conocía. Además,  cuando había conciertos, cada varias semanas, era la mejor oferta cultural de la capital inglesa, algo así como el verdadero indie, más allá de las modas y los estereotipos.

Una noche, en un ruidoso recital de Merzbow, conocí a Stefan, alemán y japanófilo.  No era la primera vez que nos veíamos y siempre íbamos solos a estos sitios; naturalmente, nos hicimos amigos-de-concierto-japonés. Luego me mudé a España y Stefan se marchó a los interminables suburbios de Londres con su novia. Así que le propuse colaborar con mi futuro blog . Empezaba un trabajo freelance, tenía tiempo libre y quería escribir en castellano, lengua que ya casi no practicaba a pesar de ser la única en la que me encuentro como en casa. Más que nada, quería escribir sobre el tema. A él le pareció una buena idea: mi japonés deja mucho (o muchísimo) que desear y él lo estudió en la universidad. Pero resulta que se nos da mejor ir juntos a los conciertos que colaborar en el ciberespacio. Desde abril o mayo, considero que este ha sido un proyecto individual.

Visitaría a Ryoko en 2005 y 2006. La primera vez en su Fukuoka natal, donde conseguí varios discos anhelados -entre ellos  uno de Number Girl-  antes de que las compras o descargas online se convirtieran en la norma, facilitando mucho las cosas. La segunda vez  nos vimos en Tokio, su ciudad adoptiva. Ya que a los dos nos parecía un lugar sin demasiado encanto, fotogénico pero claustrofóbico, nos pasamos la semana de bar en bar, y un día fuimos a la montaña.  Ese año, poco a poco, dejamos de escribirnos hasta que ya no nos escribimos más.

  • Nombre: Number Girl.
  • Estilo: indie, rock.
  • Son: Shutoku Mukai, Kentaro Nakao, Hisako Tabuchi, Ahito Inazawa.
  • Estuvieron en activo entre 1995 y 2002.
  • Discografía: School Girl Bye Bye (1999), School Girl Distortional Addict (1999), Shibuya ROCK TRANSFORMED Joutai (1999), SAPPUKEI (2000), NUM-HEAVYMETALLIC (2002). A partir de Sappukei, estuvieron con Toshiba EMI.
  • Consíguela en Amazon de importación, y seguramente en otros sitios, a un precio más razonable.
  • Visita su página web.

Denki Groove: dancewerk

Después de Homework (1997), Moon Safari (1998) y You’ve Come A Long Way Baby (1998), el techno-pop se pasó de moda y se esfumó de las listas de ventas. Pizzicato Five se divorciaron en 2001, coincidiendo con la crisis del sampleado. Otros muchos grupos de baile lo dejaron por esa época, entre ellos Denki Groove, admiradores de Kraftwerk y a la sazón padres del rave en Japón. Durante ocho años, estuvieron en paradero desconocido.



La década pasada comenzó con ejemplos gloriosos de guitarreo –White Stripes, Strokes, Libertines. La cosa pronto se convertiría en un desfile de copias de cartón piedra, bellos pero subnormales, al estilo Razorlight. Entonces llegaron Mac y toda su familia, y la escena indie recuperó los beats: los ritmos festivos, imperfectos y tribales de MIA y MGMT. (Con el éxito en USA, ambos se han vuelto obvios y aburridos, pero durante uno o dos años refrescaron mucho la atmósfera.)

Denki Groove estaban en hibernación, a la espera de que la Ley del Eterno Retorno les diera otra oportunidad. En 2008 regresaron, pues, al estudio de grabación. Ese año publicaron «Mononoke Dance«, el tema principal de la popular serie Hakaba Kitarou. En 2009 celebraron su 20 aniversario con un nuevo disco, 20, y nos alegraron el día con el estupendo vídeo-clip de «Shonen Young», que presentamos hoy. Su espíritu sigue vivo en Europa, especialmente en Alemania. Sip, cual David Hasselhoff, allí son enormes.

[image source]

  • Nombre: Denki Groove.
  • Estilo: Techno, pop, rave.
  • Son: Takkyū Ishino, Pierre Taki (un antiguo miembro del grupo es Yoshinori Sunahara, responsable del tema que acompaña al mejor vídeo de 2010, según el criterio de este que escribe).
  • Se formaron en Tokio en 1989.
  • Discografïa: 662 BPM by DG (1990), Flash Papa (1991), U.F.O. (1991), Karateka (1992), Flash Papa Menthol (remix de Flash Papa, 1993), Vitamin (1993), Drill King Anthology (1994), DRAGON (1994), ORANGE (1996),  A (1997), recycled A (remix de A, 1998), VOXXX (2000), Ilbon 2000 (2000), The Last Supper (remixes y rarezas, 2001), SINGLES and STRIKES (grandes éxitos, 2004), J-POP (2008), YELLOW (2008), 20 (2009). Discográfica: Ki/oon Records, Sony.
  • Enlaces: Web, Sony Music.

Shibuya-kei (2): Flipper’s Guitar – Colour Me Pop

Flipper’s Guitar no tuvieron el alcance internacional de Pizzicato Five, aunque fueron tan pioneros como ellos. De hecho, no son pocos los que consideran a Flipper’s Guitar el grupo fundador del estilo Shibuya. Alguien tenía que ser segundo en nuestra serie. No por ello es menos bueno.

Pizzicato Five eran la esencia de los sesenta. Flipper’s Guitar fueron la esencia del pop. Lo que sonaba en la radio japonesa en el año 2000 era muy diferente de lo que había sonado en 1990, gracias en parte al grupo que nos ocupa hoy. Mientras que Pizzicato Five se especializaron en Twiggy, Hepburn y Bardot, Flipper’s Guitar se empaparían de los sonidos contemporáneos.  Su punto fuerte eran las melodías, ligeras y soñadoras, de aires adolescentes. Una introducción a lo que luego daría en llamarse «dream pop», o lo que Belle & Sebastian hacen tan bien.

¿El secreto de Flipper’s Guitar? Detrás de la sencillez y frescura de sus canciones había dos grandes músicos, Keigo Oyamada y Kenji Ozawa. Oyamada en particular ha dicho varias veces que, en su vida artística, la Santísima Trinidad está formada por tres B’s: Beck, BeatlesBeach Boys. Se dice que la música pop, cuando es buena, es la más meritoria de todas. Esto es así porque consigue atraer al aficionado medio (la plebe, musicalmente hablando -oops, Akane Indie haciendo amigos: big mouth strikes again- para la que Michael Bublé es una B tan grande como la B de Beatles) sin perder validez artística.

Flipper’s Guitar sacaron tres álbumes al mercado: Three Cheers for Our Side! (1989), Camera Talk (1990) y Doctor Head’s World Tower (1991). El último es el más experimental, su Pet Sounds por así decirlo, aunque no es necesariamente el más original. Es el menos personal, el más británico. Menos acústico y más electrónico, menos inocente y más rave , según la definición Madchester de la palabra: Primal Scream, Stone Roses y demás.

Tras separarse en 1993, ambos siguieron sus respectivas carreras en solitario, dejando claro quién había aportado qué al sonido de Flipper’s Guitar. La aportación más comercial (insisto, no por ello menos buena) había sido la de Kenji Ozawa:

Keigo Oyamada era lo que  Brian Wilson había sido a los Beach Boys. Bajo el pseudónimo de Cornelius inició una fulgurante trayectoria, reconocida internacionalmente. La Trinidad sigue intacta aunque Beck es la B que más pesa. B. y C. han trabajado juntos en varias ocasiones (la última, en la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo) y comparten su pasión por la mezcla experimental de electrónica y acústica.

Shibuya-kei (1): Pizzicato Five -The Audrey Hepburn Complex

En Akane Indie no solemos pensar en la ética, pero nos preocupa mucho la estética. Así, aunque desconocemos o ignoramos los problemas del mundo, tenemos un gusto exquisito. Por eso dedicaremos varias entradas a uno de los movimientos más escapistas de la historia de la música pop: el Shibuya kei o «estilo Shibuya». Nada mejor que empezar con el más conocido de todos los grupos, Pizzicato Five, y con la más conocida de todas las canciones, «Twiggy Twiggy»:

El arte por el arte. Evocar la cultura de principios de los 60 a finales de los 80 (dos épocas de prosperidad y exceso) es un desafío a las leyes del sentido común.  Frívola nostalgia. El título del primer disco, The Audrey Hepburn Complex (1985), define a Pizzicato Five a la perfección. Lo más curioso es que triunfaron en los años 90, cuando Japón abandonaba la euforia de los 80 y caía en depresión post-orgásmica, mientras que en Europa y los Estados Unidos las hombreras y las permanentes dejaban paso al grunge, la Generación X y las ONGs. Así que, dentro de la comunidad indie, hubo mucho rechazo al hedonismo del Shibuya kei. Pero el malestar no era más que una moda pasajera. El lujo viene y va. La crisis pasó, volvió la prosperidad, pasó la prosperidad, la crisis volvió. Poco importa. Además, incluso quienes adoraban a Kurt Cobain y a su desaseo personal dejaban de parpadear cuando veían a Maki Nomiya en la MTV.

Pizzicato Five buscaban el cóctel perfecto, y en dieciséis años y treinta discos de historia, tuvieron tiempo y espacio de probarlo casi todo. Aunque siempre se colocaron a la sombra de Audrey Hepburn… Hepburn y Twiggy, James Bond, el mod, la nouvelle vague… Con la notable excepción de la psicodelia, los años sesenta:

Y una herencia fundamental: la bossa nova según Caetano Veloso, que también vivió un gran momento en esa década  y que regresaría hacia 1990, como accesorio acústico sensual. Además, hay un ingrediente muy japonés en todo ello: el kitsch, que en Europa nos da un poco de vergüenza aunque no podamos dejar de reconocer lo bien que lo practican en el país del sol naciente. El kitsch (acaso camp) vino a decir que Pizzicato Five no se tomaban a sí mismos demasiado en serio, lo cual hizo de éste un grupo antiguo pero no anticuado, fresco, sin el acartonamiento de la «clase alta» a la que imitaban. A esta mezcla le ayudó el descubrimiento del samplingcortar lo mejor de otras canciones y pegarlo en las propias. Entonces muchos lo consideraban una forma de plagio y una prueba de la falta de creatividad generalizada; hoy se sabe que fue una revolución musical:  Beck, Fatboy Slim, Daft Punk y Pizzicato Five lo practicaron a discreción (todos sus éxitos son samples) y pertenecen a la misma generación artística.

La fórmula funcionó muy bien en América y en el Viejo Continente. Algo extraño ya que uno de los sambenitos de la cultura pop japonesa es su supuesta falta de «autenticidad». En occidente solemos pensar que al abandonar los estereotipos (el manga, los robots y lo friki en general) los nipones sólo producen versiones equivocadas de nosotros mismos. Hay mucho paternalismo en esta creencia, ya que por aquí nos copiamos los unos a los otros: Mick Jagger, más inglés que Dickens, canta con acento de Tennessee… y Brandon Flowers, del mismo Las Vegas pero fanático de los Smiths, canta como si hubiera nacido en Manchester. Y de cómo copian los grupos españoles a los ingleses y americanos, mejor no hablamos. Por nuestra falta de comprensión y paciencia, grupos que no son «típicamente japoneses» como X Japan (hair metal made in Japan) han vendido 20 millones de discos allí, pero aquí nadie los conoce.  En fin, esto no ha pasado con el Shibuya kei, y sobre todo no ha pasado con Pizzicato Five, a quienes tanto los no japanófilos como los no melómanos han escuchado alguna vez.

Pizzicato Five se disolvieron en 2001, en la cúspide de su carrera. Atrás quedó el Shibuya kei, nacido en el barrio tokiota de ese nombre, y hoy queda su amplia herencia internacional. Lo que hace Dimitri From Paris, por citar un caso, no se llama «retro» ni «New-nouvelle vague» ni «años 60» ni «estilo beat», sino Shibuya kei. Dentro de Japón, entre 1990 y 2000 cientos de grupos lanzaron discos al mercado siguiendo los pasos de Pizzicato Five. Y ha habido revivals. De unos y otros os hablaremos estos días. Sin embargo, por raro que parezca, hoy es difícil encontrar bandas o solistas que tengan «el complejo de Audrey Hepburn».

Esto es así, creo yo, porque la industria musical ha cambiado. Quienes se quieren parecer a Maki Nomiya son inmediatamente atraídas a la vorágine del Oricon (los 4o Principales de Japón), donde pierden lustre. Un buen ejemplo de lo que digo es Karia Nomoto, una versión delgada (!) de Nomiya. En segundo lugar, la bossa nova ha sido reinterpretada en infinidad de temas aguados o easy listening, que sólo sirven para sonar en los ascensores, en los hospitales y en los peores recopilatorios de música chill out. Otra vertiente ha sido el techno, que no sale de las discotecas, y la música instrumental hecha por DJ’s, que en casos como el de Qypthone es muy interesante. Pero todos ellos toman prestadas imágenes directamente de 1963 o hacen uso de modelos y diseñadores para evocar el glamour de la época en sus vídeos y portadas. Falta quizás algo de carisma.

A decir verdad, también en los noventa las copias exactas de Pizzicato Five escaseaban. Y es que el Shibuya kei es muy variopinto, cada grupo tenía su estilo. El mérito de este movimiento es haber conquistado las listas de éxitos sin dejar de ser maravillosamente cool.

Entre el enka y el death metal: las 16 mejores canciones, según Metropolis

Metropolis se ocupa de la cultura popular más urgente de Japón: cine, música, teatro, exposiciones etc. La urgencia no es lo que se estila en Akane Indie, o no lo es para su parte escritora, que habla de la historia antigua como si fueran últimas noticias. Hace poco descubrimos este artículo, como siempre con varios meses de retraso, pero no por ello menos relevante.  Me gusta incluir recortes de prensa, de un lado y otro del mundo, ya que nos dan una buena idea de la opinión de los mass media. Qué se escucha y qué no, qué se considera un clásico y qué no. En esta lista de los 16 mejores temas de la música popular japonesa, publicada en noviembre de 2009, otros tantos periodistas y músicos opinan sobre sus temas favoritos. Hay canciones de grupos que ya hemos incluido en el blog (Electric Eel Shock, Jacks, Go!Go!7188), alguna que tenemos pensado incluir y alguna otra que no, porque se salen de nuestra línea editorial -si es que tenemos una línea editorial, que lo dudo. Lo más interestante, como recalca el artículo, es la mezcla de estilos, entre el enka y el death metal.

La lista es ésta:

1. Sayuri Ishikawa, «Tsugaru Kaikyo Fuyugeshiki» (1977)

2. Kan Mikami, «Pistol Ma No Shonen» (1971)

3. Chiemi Eri, «Come On-A My House» (1952)

4. Jacks, «Marianne» (1968)

5. Momoe Yamaguchi, «Yokosuka Sunset-Sunrise» (1978)

6. Judy and Mary, «Music Fighter» (1998)

7. Sigh, «Hail Horror Hail» (1997)

8. Hanatarash, «How To Use My Hole» (1996)

9. Frank Chickens, «We Are Ninja (Not Geisha)» (1984)

10. Soul Flower Union, «Mangetsu No Yube» (1995)

11. Go!Go!7188, «Ukifune» (2003)

12. Typhoon Natali, «Buriki No Yume» (1990)

13. Pizzicato Five, «Tokyo Wa Yoru No Shichi-Ji» (1993)

14. Electric Eel Shock, «Rock ‘n’ Roll Can Rescue The World» (1999)

15. P-Model, «Bijutsukan de Atta Hito Daro» (1979)

16. Hibari Misora, «Kawa No Nagare No Noni» (1988)