Ei Wada y Open Reel Ensemble: un “geek” y un magnetófono

Hoy por hoy, es difícil estar en la vanguardia sin haber pasado antes por el trastero de la nostalgia y el reciclaje. Nunca se han construido castillos en el aire; todo está, en mayor o menor medida, anclado en la tradición. Pero esta es una época de sensibilidad “retro”, en la que incluso la música avanzada rinde homenaje a las antigüedades. Como ejemplo, Open Reel Ensemble, el experimento sonoro de Ei Wada.

Con tan solo veinticuatro años, Ei Wada debería vivir por y para el mundo virtual. No obstante, manipula cintas magnéticas y magnetófonos. Pero su interés es más complejo, no se limita a un momento histórico: Open Reel Ensemble (Conjunto de Bobina Abierta) es una suerte de arqueología de la ultra-modernidad nipona.

La primera impresión que ofrece Ei Wada es la de un DJ de los años 90, de los que rayaban vinilos y mezclaban analógicamente. En otras palabras, este joven japonés juega con las bobinas como si se tratara de una mesa Technics en posición vertical (no se pierdan el vídeo adjunto).

Los vinilos eran el pasado en los años 90 y los platos Technics son el pasado en el año 2012. En efecto, la casa Panasonic anunció hace unos meses el final de su fabricación. La obra de Open Reel Ensemble, en este sentido, pone de relieve la importancia de la tecnología japonesa en la historia de la música contemporánea. Y hay una especie de nostalgia geek en todo ello.

Sony, Toshiba, Fujitsu, Hitachi, Canon, Panasonic o Nintendo fabrican máquinas de producción de ruido que, independientemente de su propósito original, han sido utilizadas en experimentos musicales. La Game Boy solo puede ser descrita como una pieza de coleccionista, y son muchos los músicos que exploran sus posibilidades en la actualidad, Omodaka y Saitone entre ellos.

No solo la Game Boy es cosa del pasado. Todas estas marcas, hasta la revolución de los ordenadores, en la que Japón apenas participó, dominaban en las cocinas y salones y dormitorios de medio mundo. De ahí que la mirada nipona a los aparatos eléctricos vintage tenga siempre tintes melancólicos.

Pero no se trata solamente de utilizar marcas japonesas. La idea general es explorar la época dorada del entretenimiento familiar, cuando la tecnología de uso particular se concentraba en cuatro o cinco electrodomésticos repartidos por la casa. El proyecto paralelo de Ei Wada es Braun Tube Jazz Band, una “orquesta” de televisores antiguos modificados, con pantalla táctil, a la vez lumínica y sonora.

Uno de los pioneros de este viaje a (¿mejores?) tiempos, modernos a la vez que pasados, es Otomo Yoshihide. Ya a finales de los años 80, cuando el CD comenzaba a borrar del mapa a los vinilos, Yoshihide se compró un tocadiscos en una tienda de segunda mano y comenzó las distorsiones y digresiones –giradiscos de múltiples brazos, por ejemplo– que le han hecho famoso.

Otro de los objetos condenados al baúl de los recuerdos es el Walkman para cintas de Sony, cuya muerte fue anunciada también en 2010. La historia de Open Reel Ensemble empezó, de hecho, con las grabaciones caseras de Ei Wada en cintas cassette de su padre. Fue este quien, al ver a su hijo interesado en la prehistoria de las grabadoras, le habló de los magnetófonos. El primero, lo compró en eBay.

 El magnetófono es como un Walkman gigante, un estudio portátil de los años 70. El tamaño importa, porque le otorga presencia y por lo tanto significado a las actuaciones en directo. Ei Wada afirma que su interés en los aparatos antiguos tiene que ver con el carácter fugitivo e invisible de la cultura digital. Los instrumentos analógicos son tangibles. Su mecánica es industrial, incuestionable y rotunda: queda bien sobre un escenario.

Lo cual no significa que Ei Wada sea un reaccionario. Su opinión acerca de las limitaciones de la tecnología digital se funda precisamente en su pasión por la última modernidad. El objetivo de Open Reel Ensemble es, en una palabra, la integración del magnetófono y el iPad.

Esto se consigue, en parte, gracias a la incorporación de un puerto USB a las pesadas máquinas obsoletas. Así, el directo de Open Reel Ensemble tiene el encanto de lo “retro”, pero se beneficia de las posibilidades casi infinitas de la tecnología digital: sincronización automática, sampleados a tiempo real etcétera.

Por supuesto, llegar a este punto no fue fácil. La fusión condujo inevitablemente a la invención de instrumentos musicales nuevos. Es decir, lo que vemos sobre el escenario parece un magnetófono, pero es mucho más que eso.

Su perfeccionamiento y afinación se llevó a cabo en el campus. Al descubrir su interés por la música experimental, Ei Wada se matriculó en la Universidad de las Artes de Tama (Tokyo). Entre clase y clase, y por medio de proyectos de fin de curso, nació el cuarteto Open Reel Ensemble.

El éxito en el circuito alternativo fue instantáneo y variopinto: Open Reel Ensemble tocan en nightclubs, festivales indie (como el Sónar 2011) y museos de arte contemporáneo por igual. Producen música experimental que también es música de baile. Invitan a la nostalgia, pero lo hacen utilizando máquinas híbridas que no podrían ser más vanguardistas.

 Y a pesar de todo, no logran escapar de su imagen geek. Open Reel Ensemble parecen estudiantes de matemáticas. Y Ei Wada parece recién salido del trastero de la casa de sus padres, con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera descubierto un tesoro de aparatos eléctricos estropeados, acumulando polvo en una caja de cartón.

Ruidos rarunos 2011. (1) Guitarras atómicas.

Cuando Japón fue sacudido por el terremoto y posterior tsunami, el 11 de marzo, todos creíamos que sería una catástrofe natural al uso: “escenas dantescas”, “paisajes apocalípticos”, telediarios vagamente lacrimógenos, expertos pontificando y, pasados unos días, las espectaculares cifras, como guinda al pastel mediático del que nos empachamos de cuando en cuando. Y a otra cosa.

Lo que sucedió fue que la tragedia continuó en la central nuclear de Fukushima Daiichi. Y se alargó en el tiempo. Tanto fue así que dejó de ser noticia y se convirtió en aberración: demasiado profunda, imposible de tuitear. Así pues, el mundo siguió su curso, contando calorías y buscando porno en Google, a la espera de más noticias. Mientras tanto, Japón se adentraba en la incertidumbre. El aire podía estar contaminado, mucho o poco, y el gobierno se las apañaba para hablar sin decir nada. Para sugerir, como los poetas.

Yamakawa en Madrid. Foto de Chiara Cabrera.

De estos meses de lenta recuperación y mosqueo colectivo salieron algunos proyectos artísticos, entre ellos la exposición Atomic Site, que pudo ser visitada en Tokyo el pasado verano. Uno de sus participantes fue Fuyuki Yamakawa, favorito de quien escribe y sospechoso habitual de la escena noise. Lo hemos visto en España en varias ocasiones e incluso en anuncios de la marca Sony (cuando, tiempos aquellos, aún parecía que el Walkman digital podía plantarle cara al iPod).

Lo que Yamakawa quiere es conectar el cuerpo y la máquina, una reflexión inteligente sobre el progreso y sus exageraciones: véase el mito de Frankenstein y/o Robocop. En Atomic Site, el músico aprovechó su experiencia previa en el sector para conectar dos guitarras eléctricas a sendos contadores Geiger (el instrumento musical del año) y provocar que la misma radiactividad que hace saltar las alarmas se encargara de tocar las cuerdas. Ingenioso, como poco. Relevante, seguro.

Y eso, feliz año a todos y gracias por visitar el blog.

Ruidos rarunos 2011. (4) iPhones en manos de modelos

No es nada nuevo, pero sigue siendo moderno. Craftwife aprovecha al máximo las aplicaciones musicales del celebrado iPhone. Steve Jobs estaría orgulloso. La producción es decente y divertida, y la calidad del sonido es impresionante para ser un cacharro tan pequeño. Pero lo que de veras le da alas al proyecto es el diálogo entre música y maniquí. Craftwife se viste de Kraftwerk, referencia perfecta por lo que el iPhone y los sintetizadores de antaño tienen en común, y se nos presenta en posición de azafata de feria tecnológica: esa manera de ser absolutamente profesional sin dejar de exhibir un aire de infinito aburrimiento.

Ruidos rarunos 2011. (5) Pikachu noise

Más bien parece una recreación de Gremlins (o de la indigestión que sigue a su tentempié nocturno) pero son Pikachus conectados a amplificadores. El propósito es crear feedback y una especie de performance lúdica e inquietante, a la manera tradicional del japanoise. La onda sonora varía según se mueven o agitan o maltratan controles y muñecos. Kaseo parodia de esta manera el lado más infantil (y universalmente reconocible) de la cultura popular nipona. Ya vimos algo parecido con el tema de Lolita.  Los cables que entran y salen de ojos y ombligos, junto con el ruido insoportable de las criaturas, producen una desazón similar a ver Gremlins cada año por Navidad.