Shibuya-kei (3): Cibo Matto – Know Your Chicken

En febrero de 1996 la revista TIME le dedicaba un pequeño reportaje al nuevo hip hop americano. Ese año dos grupos, ninguno de los cuales era mayoritariamente americano, estaban causando sensación.

El primero era The Fugees, el trío formado por Lauryn Hill, Michael Pras y Wycleaf Jean. Si lees la prensa musical, o incluso si tan sólo ves el Telediario de refilón, sabrás de la controvertida candidatura de Wycleaf Jean a la presidencia de Haiti. Y es que tanto Jean como Pras tienen pasaporte haitiano. Lo que trajeron a Estados Unidos, y lo que aportaron al hip hop en general y a the Fugees en particular, fue el reggae. Además, dulcificaron el gansta rap con menos violencia y más canción protesta, y con algunas letras pop. La enorme «Killing Me Softly With His Song» (original de Roberta Flack) convirtió a Fugees en uno de los grupos más populares de 1996. Hill, Pras y Jean crearon escuela pero no moda, y así el hip hop comercial de la década siguiente tuvo más putas, coches, dinero y pistolas que otra cosa. (Aunque los ex-Fugees sacaron grandes álbumes en solitario; de ellos, el primero de Lauryn Hill es el favorito de un servidor de ustedes.)

Pero esto, claro, no lo pudieron adivinar en la revista Time, cuando se quitaban el sombrero ante la novedad y miraban al futuro con esperanza. Tampoco podían adivinar el abismo de popularidad que separaría  a Fugees de Cibo Matto, el segundo grupo en cuestión. Yuka Honda y Miho Hatori, llegadas de Japón al East Village de Nueva York, desde 1994  haciendo una forma de funky jazz rap que se miraba en el espejo de los Beastie Boys y De La Soul. Sus letras, siempre en inglés, no podían ser más diferentes de las de Fugees. Haciendo honor al escapismo del Shibuya kei, el tema social les interesaba más bien poco. O nada: «Who cares, I don’t care!» es uno de sus versos más famosos. Cibo Matto significa «comida loca» en italiano, y sus canciones hablaban casi exclusivamente de, bueno, de comida, con el sentido del humor surrealista de un Beck (sip, otra vez, la sombra de Beck es alargada) o un Allen Ginsberg. La  canción «Birthday Cake» tiene líneas geniales como éstas: «I’m cooking for my son and his wife… it’s his 30th birthday… Shut up and eat!».

Cibo Matto entraron en la escena musical americana en 1995, con un EP homónimo que llamó la atención de bastantes productores y discográficas. Su primer LP, Viva! La Woman (1996), fue producido por una grande, Warner, e incluía temas tan conocidos hoy como «Know Your Chicken». Otro de los sencillos de este álbum, «Sugar Water», alcanzaría nuevas cotas de popularidad un par de años después al aparecer en la segunda temporada de la serie Buffy Cazavampiros. Esto llevó a una reedición del single y a un vídeo dirigido ni más ni menos que por Michel Gondry, el director más de moda en aquella época y aún hoy. Por cierto, haciendo gala de la misma sagacidad comercial que la SGAE, Warner se empeña en impedir que hagamos promoción gratuita de Cibo Matto, así que no podemos incluir estos vídeos aquí, pero te recomendamos encarecidamente que sigas los enlaces.

También te recomendamos que compres el álbum (descárgalo en Mediafire, luego envíale un email a Warner con la noticia) sobre todo si te interesa la música de los 90. Aunque Cibo Matto no se hicieron millonarias con Viva! La Woman, este trabajo les sirvió para conquistar un puesto de honor en la muy concurrida escena musical indie de Nueva York. Desde luego la revista TIME no se olvidó de Yuka y Miho. En el año 2000, Christopher John Farley, el autor del reportaje del que te hablamos aquí, colocaría a «Sugar Water» en el puesto número cinco de su lista de los mejores temas de hip hop alternativo de la historia, compartiendo cartel con varios capos, mucho más famosos que el dúo japonés:

1. «Testify» Rage Against the Machine
2. «Overcome» Tricky
3. «Fear Not of Man» Mos Def
4. «I’m Diggin You (Like an Old Soul Record)» Me’Shell NdegeOcello
5. «Sugar Water» Cibo Matto

A Viva! la Woman le siguieron dos discos más y una serie de incursiones musicales de las que te hablaremos en otra ocasión. Cibo Matto se disolvieron en 2001, aunque tanto Miho como Yuka han tenido exitosas carreras en solitario. Esta historia también la dejamos para otro día. Para terminar, la escena hip hop japonesa de los 90 tuvo algunos grupos que no andaban muy lejos de Cibo Matto, y que también pertenecen al Shibuya kei. Un par de ejemplos: Havana Exotica, con dos miembros que luego entrarían a formar parte de Buffalo Daughter:

… Y Scha Dara Parr, que siguen en activo aunque tengan muy poca visibilidad. En el año 94 vendieron medio millón de copias de su single «Konya wa Boogie-Back», con la colaboración del amigo Kenji Ozawa, ex-Flipper’s Guitar. De nuevo la cuestión de la legitimidad. ¿Rap japonés? Pues sí, a veces con todos los ghetto-ingredientes. Hay un libro sobre el tema.

Shibuya-kei (2): Flipper’s Guitar – Colour Me Pop

Flipper’s Guitar no tuvieron el alcance internacional de Pizzicato Five, aunque fueron tan pioneros como ellos. De hecho, no son pocos los que consideran a Flipper’s Guitar el grupo fundador del estilo Shibuya. Alguien tenía que ser segundo en nuestra serie. No por ello es menos bueno.

Pizzicato Five eran la esencia de los sesenta. Flipper’s Guitar fueron la esencia del pop. Lo que sonaba en la radio japonesa en el año 2000 era muy diferente de lo que había sonado en 1990, gracias en parte al grupo que nos ocupa hoy. Mientras que Pizzicato Five se especializaron en Twiggy, Hepburn y Bardot, Flipper’s Guitar se empaparían de los sonidos contemporáneos.  Su punto fuerte eran las melodías, ligeras y soñadoras, de aires adolescentes. Una introducción a lo que luego daría en llamarse «dream pop», o lo que Belle & Sebastian hacen tan bien.

¿El secreto de Flipper’s Guitar? Detrás de la sencillez y frescura de sus canciones había dos grandes músicos, Keigo Oyamada y Kenji Ozawa. Oyamada en particular ha dicho varias veces que, en su vida artística, la Santísima Trinidad está formada por tres B’s: Beck, BeatlesBeach Boys. Se dice que la música pop, cuando es buena, es la más meritoria de todas. Esto es así porque consigue atraer al aficionado medio (la plebe, musicalmente hablando -oops, Akane Indie haciendo amigos: big mouth strikes again- para la que Michael Bublé es una B tan grande como la B de Beatles) sin perder validez artística.

Flipper’s Guitar sacaron tres álbumes al mercado: Three Cheers for Our Side! (1989), Camera Talk (1990) y Doctor Head’s World Tower (1991). El último es el más experimental, su Pet Sounds por así decirlo, aunque no es necesariamente el más original. Es el menos personal, el más británico. Menos acústico y más electrónico, menos inocente y más rave , según la definición Madchester de la palabra: Primal Scream, Stone Roses y demás.

Tras separarse en 1993, ambos siguieron sus respectivas carreras en solitario, dejando claro quién había aportado qué al sonido de Flipper’s Guitar. La aportación más comercial (insisto, no por ello menos buena) había sido la de Kenji Ozawa:

Keigo Oyamada era lo que  Brian Wilson había sido a los Beach Boys. Bajo el pseudónimo de Cornelius inició una fulgurante trayectoria, reconocida internacionalmente. La Trinidad sigue intacta aunque Beck es la B que más pesa. B. y C. han trabajado juntos en varias ocasiones (la última, en la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo) y comparten su pasión por la mezcla experimental de electrónica y acústica.