HIGH RISE archives on Otherside records

Año 1982. Puro ruido, la cloaca del punk. El nombre, Rascacielos en español, lo tomaron prestado de la novela distópica de J.G. Ballard. El principio lo dice todo y no hace falta añadir nada:
“Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón, comiéndose el perro…”

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Revista Eikyô: número 10 a la venta

Eikyo_Portada

Ha salido la revista Eikyô, como siempre llena de cosas interesantes: historia, cine, manga, arquitectura, origami, reseñas y por supuesto música. Esta vez he escrito sobre el mega-conjunto ska Shibusashirazu Orchestra. Se trata de una troupé de músicos, bailarines y actores que va de gira por los festivales del mundo. Aunque recuerda a otros grupos similares (empezando por Mano Negra en España) SO incorpora elementos originales. Por ejemplo, algunos de sus miembros evocan los movimientos del butō, el baile lento, catárquico y triste, desarrollado en Japón a raíz de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Y no deja de ser una fiesta. Compra Eikyô online.

Chibi-tech | Moe Moe Kyunstep

Alguien que se hace llamar Jaelyn es la culpable de lo que oyes. Es estadounidense, de padres asiáticos, y trabaja en Tokyo. Parece que Jaelyn ha exportado a Japón el nuevo gusto yanqui por el dubstep (aunque en Japón ya lo conocieran; esta sería una segunda ola propiciada por Skrillex) y que lo ha mezclado con el lolicore, también llamado otakucore, una cópula entre el noise y la subcultura kawaii. El resultado, lo mismo que enchufar la Game Boy a un amplificador Marshall y subir el volumen al máximo, es una dulce tortura acústica. Aquí puedes ver a Chibi-tech en directo.

En Akane Indie hice una introducción al dubstep nipón y hablé algo de lolicore y mucho, demasiado, de noise.

Atención. No son todo maquinitas; en su cuenta de Soundcloud hay guitarras y tambores, y también hay melodias distorsionadas. Es una especie de  j-pop alternativo.

Guitarras limpias y ritmos sucios: el math rock en Japón

En el principio estuvo el ritmo. Hay músicas diabólicas (la clásica es el mejor ejemplo) que no se pueden bailar ni casi disfrutar de pie. Tampoco el jazz es muy bailable: la danza a la que empuja requiere creatividad y, a no ser que uno sepa de qué va el jazz -o a no ser que carezca de inhibiciones-, ni siquiera se puede practicar tamborileando con los dedos en el muslo. El rock matemático, o math rock, es otro de esos productos que se resisten a la tentación de los ritmos pegadizos. Es un diseño imposible. Y en Japón hay una verdadera escuela.

Habrá quien diga que el math rock es una cuestión americana, desde King Crimson a Battles pasando por Tool. Si eso es cierto, también lo es que lo que hace Japón no es un homenaje. Lejos de ser un experto en el tema, tan sólo puedo imaginar que los orígenes son anglosajones (no deja de ser pop-rock) pero que, como estilo musical, el math rock japonés se desarrolla de manera independiente: por el número de grupos que lo practican, y porque tiene consistencia y originalidad. Es decir, no es una versión imperfecta ni es una minúscula aberración, es una escena.

La mayoría de grupos de rock matemático nipón parecen hacer una lectura contemporánea de Zazen Boys, el conjunto de Mukai Shutoku, exvocalista de Number Girl. Entre Number Girl y Zazen Boys hubo un giro, un cambio de rumbo, de Pixies a Radiohead, Kid A en adelante y más allá todavía. El resultado es algo menos agresivo que el post-rock ortodoxo y algo menos triste que esa fina capa de hielo llamada Sigur Rós. Más concretamente, el math rock toma prestadas varias cosas de Zazen Boys: los ritmos abruptos, las guitarras limpias y el sacrificio del espectáculo en beneficio de la técnica.

Hay un aire en la actitud de los músicos de math rock que recuerda a los orígenes de las guitarras eléctricas en Japón, cuando los Ventures causaban furor y los chicos estudiaban ensimismados la ejecución de un riff o el minucioso diseño de las guitarras Mosrite. Es una cualidad muy juvenil y masculina –el frío purismo que ni siente ni padece– que se puede ver en los directos de Toe, por citar un nombre: como si fueran un grupo de amigos ensayando, sin esbozar una sonrisa, concentrados en los instrumentos, mirándose los unos a los otros.

En los últimos diez años, quizás con Toe a la cabeza, ha surgido un pequeño ejército de grupos cuya música suena a escuadra y cartabón, a plantilla Excel y a dibujo de Escher. Entre ellas se encuentran , Lite, Nuito, About Tess, 3ND, REGA… Alguno que otro (Mouse on the Keys) se inspira en el jazz para crear ritmos que de tan difusos casi parecen muros de sonido. Hay solistas (World’s End Girlfriend) cuyo caos personal suena un poco math rock y hay quienes dejan la destreza guitarrística al margen para seguir los pasos de Boredoms y su tribalismo noise, por ejemplo las chicas de Nisennenmondai. Y tratándose de Japón, hay propuestas que reniegan del ritmo y al hacerlo suenan a pop-rock excéntrico (Usotsuki Barbie) más que a math rock, en la línea de los bien conocidos Polysics. Y por fin, algunos sólo se alejan una brizna del canon para hacer anti-ritmos casi comerciales; véase, Owarikara:

Estas últimas son algunas de las muchas excepciones. La regla, que casi todos comparten en uno u otro momento de sus producciones musicales, está en el sonido instrumental y en el uso de guitarras claras y precisas. Esto es lo que distingue el math rock nipón de su equivalente americano, mucho más hardcore o pesado. También lo distingue, por cierto, del océano de grupos indie-pop que anegan el circuito alternativo nipón y que suenan (sin ser obligatoriamente malos) como la banda sonora de algún animé. El rock matemático nipón es impecable y por ello es inconfundible. Al oír esos acordes, no hace falta ver un vídeo ni oír una voz para saber que estamos ante un grupo japonés.

Mixtape encontrado en Zaragoza

 

Este mixtape, encontrado en Zaragoza y compartido aquí de forma altruista (o, más bien, con el placer que me ofrece ofreceros a todos una hora de placer sonoro) estará disponible durante una o dos semanas.

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