Entrevista a Yuri Suzuki

Músico, artista, diseñador, docente. La semana pasada me reuní en el ciberespacio con el mega-facético Yuri Suzuki, y charlamos un rato sobre sus proyectos y su pasado, y sobre los inconvenientes de ser diseñador y que se espere de uno el trabajo no remunerado. Yuri nació en Tokyo en 1980 y desde 2004 ha residido en Londres. Ahora se encuentra en Estocolmo, donde colabora con una compañía en el desarrollo de productos musicales. Y siempre viaja, montando instalaciones, conferenciando y pinchando italo disco. Sin más, ahí va la entrevista.

Si no te importa presentarte para Akane Indie…

Me llamo Yuri Suzuki y… no sabría definir muy bien mi trabajo. Está en algún lugar entre el arte y el diseño. Hago muchas instalaciones, exposiciones y demás. Solía estudiar Diseño de Producto, pero nunca conseguí llegar a ningún lado con eso. Ahora mismo estoy trabajando con una compañía muy buena llamada Teenage Engineering, con base en Estocolmo. Han producido un sintetizador muy interesante, el OP-1… También trabajo como artista independiente y como diseñador a veces… Y solía ser un DJ. Esa es la clave de mi creación, supongo, siempre relacionada con la música.

Hablando de música, he visto que sacaste varios EPs en 2006…

Sí, saqué un EP con el sello [alemán] Muller Records. También viví en Berlín, solo durante medio año o por ahí, y no tuve mucho éxito como DJ, así que decidí no serlo.

[Los EPs de Yuri Suzuki son: “Blue Line EP” (Muller Records, Berlín), “It’s House EP, con EDMX (2006, Affected Music, Londres), “Grothesque London and Tokyo Mix“, Remix para Venus Fly Trapp (2006, iTunes)].

Dices que tu trabajo se centra en la “fisicalidad” de la música ¿Podrías explicarlo?

La base de mi trabajo o mi interés principal está en el arte cinético, en todo lo mecánico. No es tanto la electrónica como los aspectos físicos de la música los que me atraen. Y la segunda característica es el sonido, la música en sí misma. También me fascina investigar cómo el sonido afecta a la gente, cómo altera sus emociones.

Me gusta tu trabajo con tocadiscos… ¿Manipulas los instrumentos tú mismo? ¿Haces tú todas esas conexiones? Es decir, ¿se te da bien la electrónica o tienes a alguien que te ayuda en el proceso de modificar los instrumentos?

Los tocadiscos los manipulo yo mismo, es bastante fácil… Para serte honesto, no sé demasiado acerca de la construcción del aparato y solo un poco sobre electrónica y programación… Pero el tocadiscos es muy primitivo… Otros proyectos como el Sound Chaser por ejemplo, hecho con discos de vinilo desmantelados, son muy difíciles para mí. Para el Sound Chaser [un tren de juguete que rueda sobre “vías musicales” hechas de discos antiguos] colaboré con un ingeniero [Yaroslav Tencer] experto en robótica.

Para mí es como magia…

Ese es mi problema también, tengo la idea en la cabeza, pero a la hora de ponerla en marcha, la cosa se complica. Si no puedo hacerlo yo,  le pido ayuda a alguien. Esto tampoco es fácil, quiero decir que es complicado encontrar un buen ingeniero o programador, o el tiempo necesario…

¿Vives en Londres normalmente?

Entre Londres y Estocolmo. Ahora en Estocolmo sobre todo, porque estoy trabajando para esta compañía.

¿Es un proyecto permanente, entonces?

Sí, porque trabajo desarrollando ideas con ellos. Hacen cosas muy interesantes… Pero mantengo un estudio en Londres. Y hago algunas exposiciones allí. También tengo pensado publicar un libro este año en el Reino Unido. Así que allí pasan muchas cosas.

El libro es sobre tus diseños…

Sí. Y estoy metido en un proyecto con un diseñador gráfico en Londres muy bueno. Es un equipo, más bien, al mismo tiempo hacen instalaciones y diseño social… Muy interesante.

Hablando de Londres y Tokyo, ¿cómo compararías la escena artística y musical de las dos ciudades… por ejemplo a la hora de organizar exposiciones?

La verdad, en Japón es muy complicado. Y Londres ha empeorado algo.  Antes en Londres podías tratar el diseño o el negocio de la creación como cualquier otro negocio. Ahora ya no es así porque el gobierno ha reducido las subvenciones a las fundaciones de arte, por el asunto de las Olimpiadas de 2012, creo. Pero aun así, los artistas tienen muchas fuentes de financiación, como los councils [consejos locales] y otras organizaciones que nos apoyan. En Estocolmo, en Suecia, hay muchas becas. Si quiero empezar un nuevo proyecto de arte o de diseño allí, seguramente encuentre financiación. O habrá alguna beca que pueda solicitar. En Japón, en cambio,  es muy complejo. Acabo de encontrar unas becas, por ejemplo una en un instituto llamado Tokyo Wonder Site. Pero tengo la impresión de que ese es el único instituto en Tokyo que apoya a los artistas jóvenes. Y hay un par de compañías interesantes en este sentido: Pola, una empresa de cosméticos, financia proyectos artísticos, y me dio una beca… pero no es algo que pueda conseguir todo el mundo… así que es bastante difícil. Ahora el gobierno japonés ha invertido mucho dinero en el arte digital, pero es un canal muy estrecho. Yo envié una solicitud y no pasé la criba. Tienes que conocer a alguien que esté dentro, lo que importa son los contactos. Tokyo es muy difícil para un diseñador/artista. No es visto como un oficio respetable y no te tratan muy bien. Una vez me enviaron un email desde una empresa pidiéndome que les hiciera un diseño gráfico. Normalmente no hago diseño gráfico, pero dije que sí. Entonces pregunté por el dinero y me dijeron que no me pagarían, que esperaban que lo hiciera gratis. Piensan que el diseño artístico se hace solo por diversión, no profesionalmente. En Europa es totalmente diferente.


¿Y cómo es cuando tienes que presentar tu trabajo en una galería o un museo…?

Lo mismo: muy complicado hacerlo en Tokyo. Y en todas partes. Si estuviera vinculado a una galería sería mucho más fácil, con un galerista ayudándome a presentar mi trabajo, pero desafortunadamente por ahora no tengo esa ayuda. Se puede exhibir mucho, en museos o, no sé, en alguna compañía… pero es difícil. Acabo de encontrar una galería muy buena, pero creo que ya no hacen exposiciones. Tienen que ser capaces de ganar dinero, esa es la clave. Hay que pagar y hay que tener contactos.

Tú por lo menos puedes hacer lo que quieras, tus propios proyectos. Me viene a la mente la Máquina de Ruido Blanco (White Noise Machine) … ¿La llevaste a India tú mismo?

No, la hice allí, era un proyecto allí, una residencia artística.

¿En Mumbai?

En Nueva Delhi… Yo tuve suerte, alguien me pidió que me uniera a esa residencia. Es una organización artística llamada Khoj, una asociación internacional enorme con muchas ramificaciones en la India. Y como tenían un trato con una galería en Londres, me financiaron la estancia. Ni siquiera tuve que pedir la beca, me la ofrecieron… Siempre es así, coincidencias… Así que fui allí, no por mucho tiempo, un mes y medio, y me dejaron hacer lo que quisiera. Lo que hice fue investigar la escena artística de la ciudad y, al final de la residencia, había una especie de exposición. Presenté dos proyectos para la Máquina de Ruido Blanco. Toda la producción tuvo lugar en India y ahí quedó… [Yuri se la regala a quien quiera o pueda llevársela].

Para mí, lo que haces se parece un poco a lo que algunos músicos del llamado japanoise están haciendo. Por ejemplo, Otomo Yoshihide trabaja mucho con tocadiscos, y aunque es sobre todo músico a veces monta exposiciones.  ¿Estás en contacto con los músicos japoneses?

No sé mucho de los músicos/artistas de Japón. Bueno, conozco muy bien a Maywa Denki [un colectivo de inventores de instrumentos, performers etc.] ya que trabajé para ellos durante cinco años. Supusieron una gran influencia y respeto mucho lo que hacen, muy relacionado con la “fisicalidad” de la música. Y en cuanto a Otomo Yoshihide, la verdad es que le conocí hace poco, cuando puso en marcha una exposición muy grande con tocadiscos [Ensembles, 2009] . Esa fue la primera vez que oí algo de él, hace dos años o por ahí, un tío alucinante. Pero yo siempre he estado más familiarizado con el campo artístico occidental. Por ejemplo, me gusta mucho Christian Marclay, es uno de los mejores artistas sonoros que he visto en mi vida…

¿Francés…?

Creo que de padres suizos, aunque nació en los Estados Unidos… Trabaja en la galería White Cube de Londres. Un gran artista. Y él también ha sido una gran influencia. Y por supuesto, Maywa Denki. Pero no se mucho más acerca del arte japonés… Otomo Yoshihide y… no recuerdo su nombre… Ito… trabaja con luz…

Sí, creo que sé quién dices, ahora no recuerdo [Atsuhiro Ito].

Sí, sí… le vi en directo en Japón.

Sí, yo le vi en Barcelona, increíble… Tú has estado en España también, ¿no?

Sí, estuve en el Sónar, hace dos años.

¿Cómo fue? ¿Qué tal la experiencia? ¿La recuerdas?

Estuvo genial, el Sónar es enorme, pero por dentro es bastante independiente. Lo normal es que los festivales grandes no lo sean. Sónar antes era muy pequeño, ahora es muy popular y grande… pero mantiene el espíritu… Tuve la oportunidad de hablar con uno de los directores, Sergio [Caballero], muy simpático… La impresión fue muy positiva. No pude ver nada, me limité a preparar mi trabajo y a presentarme, pero aun así estuvo muy bien. Me hubiera gustado quedarme más…

La próxima vez…

Sí… También tuve una exposición en Asturias.

¿Asturias?

Sí, en el Laboral.

¿El año pasado?

En 2008… Creo que en España en general se está haciendo arte interesante, también algo de arte técnico, tengo esa impresión, no recuerdo nombres, pero sí que hay trabajos buenos…

Dices que trabajas para Teenage Engineering, una compañía sueca… Y estás desarrollando también proyectos independientes…

En T.E. trabajo con el desarrollo de productos, sobre todo, es una compañía auto-financiada, así que no tienen grandes clientes a los que satisfacer. Producen lo que quieren. Por ejemplo, el desarrollo del sintetizador OP-1 les tomó dos años. Y ahora yo estoy trabajando en dos productos musicales con ellos. Espero que salga algo en el futuro… pero acabo de empezar, hace solo unas semanas, es todo bastante reciente.


¿Y vas a publicar música?

Me encantaría, he enviado algunas demos, pero no ha habido respuesta.

¿Tienes Soundcloud?

Sí, yurisuzuki… Me gustaría producir música, porque no lo he hecho durante mucho tiempo, a lo mejor es hora de empezar otra vez.

Bueno, muchas gracias por tu tiempo… ¡Buena suerte en Estocolmo!

Fuente de las fotos y más información en su blog

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The Beatles en Japón… ¿otra vez?


La noticia ha corrido como un reguero de pólvora: ya podemos comprar música de los Beatles a través de iTunes. Parece que por fin el gigantesco reproductor de medios le abre sus puertas a los grupos más underground. Es también una feliz casualidad que la decisión se tome en la víspera de Navidad. Por “víspera” entiéndase lo que se quiera: yo vi el árbol montado con mucho esmero, con sus turrones y sus polvorones y sus regalos huecos esparcidos alrededor, en un Supersol de Málaga hace por lo menos dos meses.

Otra coincidencia es la reciente adaptación cinematográfica de Norwegian Wood (Tokyo Blues en España), obra cumbre del celebérrimo novelista Haruki Murakami. La película, que se estrena en nuestro país el 11 de diciembre, pasó por los festivales europeos sin levantar demasiadas pasiones, o no tantas como la novela, que narra las aventuras amorosas de un universitario en el Tokio de 1969, y que catapultó a Murakami a la categoría de semi-dios en su país hace ya veinticinco años.  No sería exagerado decir que Murakami es a Japón lo que Gabriel García Márquez es a Colombia. Uno y otro, también, se consideran a sí mismos parcialmente responsables del bienestar psicológico de sus compatriotas. Durante muchos años, para evitar el torbellino de la fama y las entrevistas, el escritor japonés vivió en exilio voluntario en el extranjero. Solo se decidió a volver en 1995, tras el atentado con gas sarín en el metro de Tokio, que dejó 13 muertos y una honda impresión, y sobre el que sin falta el hijo pródigo Murakami escribió un libro.

Los más alternativos y perspicaces lectores habrán caído en la cuenta de que Norwegian Wood es el título de una de las canciones de los Beatles (y la número 27 en la lista de las más descargadas en iTunes desde que comenzó la fiebre hace un par de días). La novela empieza con ella, sonando de fondo en un aeropuerto alemán y transportando a su protagonista de treinta y tantos años, Watanabe, a su última adolescencia. En el que para mí es el mejor momento del libro, una de las amigas de Watanabe toca en la guitarra acústica todas las canciones de los Beatles que puede recordar y, bien entrada la noche, en una bruma de vino y whisky, sabiendo que nunca volverán a verse -ella está enferma y le lleva casi veinte años- acaban juntos en la cama.

Aunque tanto la novela como su autor me entusiasman, Watanabe me cae fatal; desde que le conocí hace ya diez años me ha parecido un triste y un tonto del culo. El resto de los personajes de Norwegian Wood, no importa lo enloquecidos que estén o lo siniestros que sean, me caen bien. ¿Soy el único que piensa así?

Lo que me lleva al tema de hoy. La noticia de iTunes y el inminente estreno de la película han hecho que la prensa internacional se apresure a vaticinar una segunda Beatlemanía. ¿En serio? ¿Se han olvidado de la primera? Japón es de sobra conocido por el entusiasmo con el que se apunta a todo lo que lleva colgando la etiqueta de cultura pop. The Beatles, los Dioses del Pop, tuvieron más influencia en Japón que en ningún otro país del mundo. Esto es mucho decir, pero seguramente sea cierto. No hay más que investigar su impresionante escena musical para dar fe de ello.

San Pablo, San Juan, San Jorge y San Ringo (¿?) tocaron cinco bolos en Japón, entre el 30 de junio y el 2 de julio de 1966, todos ellos en el palacio de artes marciales Budokan. Hoy, Budokan es sinónimo de grandes conciertos. En aquella época, a pesar de ser un edificio nuevo, construido para las Olimpiadas de 1964, Budokan era un símbolo de tradición.

Los Beatles irrumpieron en esa tradición. Hubo manifestaciones en su contra, la mayoría de ellas universitarias. Hubo amenazas de muerte y una tensa espera, que pudo haber terminado en cancelación. Unos días antes del aterrizaje de los cuatro de Liverpool, un ciclón pasó por Tokio. La prensa nacional, siempre alerta, no tardó en hablar del “ciclón Beatles“, esa nueva tormenta que tomaba forma en el horizonte. El gobierno desplegó a 35.000 policías en torno al Budokan, diez mil efectivos más que el número total de asistentes a los cinco conciertos. Cuando los Beatles se fueron, el país quedó culturalmente marcado para siempre.

Decir que esta, la de iTunes y Tokyo Blues, es una segunda Beatlemanía me parece demasiado.  Si lo es, lo será durante las fiestas navideñas, y eso no cuenta porque estaremos todos pedo.

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Este fue el setlist de aquellos míticos conciertos:

1. Rock And Roll Music
2. She’s A Woman
3. If I Needed Someone
4. Day Tripper
5. Baby’s in Black
6. I Feel Fine
7. Yesterday
8. I Wanna Be Your Man
9. Nowhere Man
10. Paperback Writer
11. I’m Down

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