Maki Asakawa: subterránea

Maki Asakawa se encogía sobre el micrófono para cantar; vestía de luto y fumaba un cigarrillo tras otro; mientras, su voz rota e infinitamente triste surgía de detrás de una cortina de humo: una de esas personas que seguirían estando en blanco y negro si las conociéramos.

Nació en 1942 en la prefectura de Ishikawa y se educó escuchando a Billie Holiday. Dio sus primeros pasos interpretando a los clásicos del jazz moderno en los bares de las bases militares estadounidenses. Su carrera, no obstante, no despegó hasta que dejó su empleo diurno, renegó de la luz del sol y se mudó a Tokyo en 1967. Allí los jóvenes inquietos o inadaptados o modernos (o todo ello revuelto) tenían tres opciones: o dejarse flequillo y leer revistas ilustradas que les pusieran al corriente de lo que sucedía en Carnaby Street, o salir a la calle a gritar contra el imperialismo yanqui embutidos en ficticias pero sinceras chaquetas militares, o sentarse a leer oblicua poesía de vanguardia en tabernas que olían a alquitrán y circunspección. Maki Asakawa eligió lo tercero.

En la música popular nipona, la vena existencialista comenzó a latir con verdadera fuerza en 1967. Ese año se formaron Les Rallizes Dénudés, Señores de la Oscuridad y de paso estudiantes de filología francesa. También en 1967 los fabulosos Jacks se metieron en el estudio sin quitarse las gafas de sol y grabaron Jacks No Sekai, el lánguido álbum de folk progresivo (¿?) por el que son hoy recordados. Y en 1967 el teatro avant garde comenzaba a colear, dejando a todo el mundo atónito pero satisfecho. Fue precisamente el dramaturgo y poeta experimental Shuji Terayama quien organizó los primeros conciertos tokiotas de Maki Asakawa. Y como pareciera que el arcoiris hippie se desvanecía y que el noir de nuevo cuño ganaba más y más adeptos, con The Velvet Underground a la cabeza, el sello Toshiba reclutó a esta joven de sonrisa etrusca en 1968.

Hasta su muerte, hace justo dos años, Asakawa frecuentó el circuito de locales subterráneos de Japón y alguna vez salió a la superficie para colaborar con el bien conocido Ryuichi Sakamoto. Lo más representativo de su discografía son los dos álbumes homónimos, publicados en 1970 y 1971, ambos muy recomendables. En clave de folk urbano -piensen en Leonard Cohen y en Cowboy de Medianoche– Asakawa canta canciones que parecen haber sido urdidas de madrugada, sin más testigos que una grabadora y una botella de whisky, acaso dentro de un coche, en lo profundo de un parking brutalista. Hay, eso sí, ruidos callejeros accidentales, como retazos de soledad, y conversaciones capturadas al vuelo que pueblan estos álbumes lo mismo que trozos de memoria reproducidos en bucle. Y en ocasiones hay una audiencia dispersa y distraída, por ejemplo en esta hermosísima versión de “House of the Rising Sun”:

Kan Mikami en la calle

Por causa de un “posicionamiento web” accidental (el uso de la palabra “porno” en el título) ayer tuvimos un aluvión de visitas. Gracias a todos, incluso a los ofendidos y a los decepcionados. Para aprovechar el tirón, vamos con un clásico al que casi nadie escucha y que se merece toda la atención posible.

Hacia 1969 un productor de música, harto de la caca de siempre, se plantó en un bar de Tokio a tomarse unas cervezas. El camarero, un poeta anti-sistema con vaqueros Levi’s y una pionera y frondosa cresta, se acercó a servirle. Dos o diez cervezas después, el productor y el camarero habían acordado unas horas en el estudio. Así comenzó la carrera de Kan Mikami.

Otra versión de la historia se sitúa en el Japón rural, en la norteña prefectura de Aomori, donde creció Mikami. Dice esta versión que un día llegó desde la lejana capital un nuevo profesor al colegio. Era un joven hipster que vestía vaqueros Levi’s y que tenía una cresta por peinado. Intrigado ante la fabulosa visión del extranjero, Mikami le preguntó a un anciano, quien gravemente le respondió: “es una forma humana conocida como poeta.” Fue entonces, a tan temprana edad, cuando Mikami decidió ser uno de ellos.

Las dos versiones, posiblemente medio verdaderas y medio relacionadas, desembocan en Kan Mikami,  el mejor de los bluesmen japoneses. Lo que hace no es blues al uso, es folk japonés con cresta y vaqueros Levi’s, es decir, con un chorro de blues americano y otro de canción protesta.

A pesar de su éxito inicial, la musa comercial acabó por abandonarle. Entre finales de los 70 y finales de los 80 Mikami estuvo desaparecido. Su renacimiento vino en 1989 de la mano del sello PSF, especialista en noise.  A quien le guste el  disco de El Cigala y Bebo Valdés, Kan Mikami le encantará. Y a quien no, que simplemente preste atención a su manera de tocar la guitarra.

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Omodaka + Teppei Maki: Brain Storm

Lo último de Omodaka, para celebrar el número 100 de la revista lDN. Un aperitivo, servido sin mucha pompa hace un par de días. Chiptunes para gourmets. Y la animación, como nos tiene acostumbrados el genial Teppei Maki, es de Guía Michelín. De postre: el especial que le dedican en The Japan Times. Omodaka, de nombre real Soichi Terada y responsable de la discográfica Far East Recording, comenzó tocando drum and bass. Un día escuchó chiptunes, la musica hecha con el chip de sonido de una videoconsola, y decidió cambiarse de nombre y refundar su melomanía. Se acordó entonces de una colaboración pendiente, la de la folklórica Akiko Kazanawa, representante de lujo de dos estilos de canto tradicionales, el enka y sobre todo el minyo. Y de la mezcla surgió el menú que ahora prepara Omodaka, algo que en principio resultaba indigesto, y que tuvo un resultado suculento. Hacer música, dice Terada, es como cocinar: a menudo las canciones no funcionan porque uno, en la busca de nuevas recetas, mezcla los ingredientes equivocados.  Cuando funcionan, no obstante, nos encontramos con sonidos que son angulosos y fríos a la vez que sensuales: manjares orgásmicos. La colaboración de Omodaka y Teppei Maki como director de animación ha sido muy fructífera. Minyo + chiptunes = una prostituta de neón:

Si fuera cocina sería “food porn”:

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Omodaka: Game Boy Folk

  • Nombre: Omodaka.
  • Estilo: chiptunes, beats, folk.
  • Te gustarán si te gustan: Pepino, Firebrand Boy, Hot Chip.
  • Componentes: Soichi Terada, Kanazawa Akko.
  • Lugar y año de formación: Tokio, 2001.
  • Discografía: 7 EPs y un puñado de singles con Fast East Recording.
  • Descárgalo aquí.
  • Más enlaces: myspace, far east recording.
  • Trivia: Far East Recordings es la compañía creada por Soichi Terada en 1988 con el solo propósito de publicar sus chiptunes.

Una entrevista durante el SXSW Festival 2010 (la de abajo es una foto de su actuación) aquí.

Demasiada Game Boy lleva al Rock n' Roll

Omodaka es un proyecto dual que combina música (e imagen) tradicional japonesa con chiptunes. Por si no lo sabéis, la definición técnica de chiptune es, según la RAE, “el ruidillo que hace la videoconsola” y son 8 bits al peso. El resultado es minimalista y friki a un mismo tiempo, una abominación que repele y atrae igual que lo hacen Frankenstein o los muebles de IKEA. En el caso de Omodaka, lo que sus chiptunes crean es una curiosa amalgama musical de exotismo y modernidad que, en los tiempos globalizados que vivimos, tendría que ser una receta para el éxito. Quiero decir: el relativo éxito de la música alternativa. Omodaka, ya entrados en los cuarenta, están actualmente de gira con las otras bandas que componen Japan Nite. Es una versión intelectual de la pareja hispano-japonesa Pepino (sin insultar, Pepino me parecen geniales a su manera) aunque el atrevimiento iconoclasta de Terada y Akko tampoco deja de tener sentido del humor. (No te pierdas la página web de Far East Recording.) El vídeo que abre esta entrada les define perfectamente: folk de neón y ángulos agudos eléctronicos en las calles nocturnas de un Tokio imaginado.