NUDGE’EM ALL | Magic

Nudge ‘Em All es uno de esos grupos a los que, por el nombre, uno directamente no prestaría mucha atención. Pero merecen la pena. Llevan una década y media sobre las tablas, y con el tiempo han adquirido la admirable costumbre de cantar suaves melodías post-Shibuya kei sobre ritmos rotundos de math rock. Lo que degustamos es un cóctel de Flipper’s Guitar, vestidos de marinero, y Number Girl, miembros de la tuna Pixies. Muy impresionante See (2011), su último trabajo. Y el single, «Magic», es lo mejor que he tenido el placer de escuchar esta semana. Eso sí, el vídeo es cutre. Visita su Web.

Shugo Tokumaru: alquimia

Lo más probable es que si conoces el indie japonés, hayas oído hablar de Shugo Tokumaru, paladín del pop electroacústico y digno heredero de Cornelius. Al igual que el ex-Flipper’s Guitar, Shugo hace canciones que solo son ligeras en apariencia: lo que busca es no perder la melodía -la tradición Beatles– al entrar en el terreno de la experimentación. Este es, creo yo, el más-difícil-todavía de la música popular. Shugo es un explorador incansable. Prueba de ello es la lista de ochenta y tantos instrumentos que aparece en los libretos de sus discos, y que toca solamente él. Todos estos sonidos, tantos y tan extraños como pasar una noche en la selva, no le intimidan. Al revés, se encuentra como en casa en cada uno de ellos. Parece haber dado con la piedra filosofal.

El resultado de sonar tan bien al oído es una creciente fama mundial. Shugo Tokumaru ha llenado salas grandes en los Estados Unidos, viaja con frecuencia a Londres y sus temas han sonado en anuncios y películas. Estuvo por España también. Cuando Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Shugo: La Blogothèque le visitó en Tokio, como ya dije hace unos meses.

Port Entropy (2010) es el quinto disco de estudio de Shugo Tokumaru. Para algunos medios, el disco japonés del año. Con razón. Cómpralo en Amazon, por ejemplo.

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Shibuya-kei (2): Flipper’s Guitar – Colour Me Pop

Flipper’s Guitar no tuvieron el alcance internacional de Pizzicato Five, aunque fueron tan pioneros como ellos. De hecho, no son pocos los que consideran a Flipper’s Guitar el grupo fundador del estilo Shibuya. Alguien tenía que ser segundo en nuestra serie. No por ello es menos bueno.

Pizzicato Five eran la esencia de los sesenta. Flipper’s Guitar fueron la esencia del pop. Lo que sonaba en la radio japonesa en el año 2000 era muy diferente de lo que había sonado en 1990, gracias en parte al grupo que nos ocupa hoy. Mientras que Pizzicato Five se especializaron en Twiggy, Hepburn y Bardot, Flipper’s Guitar se empaparían de los sonidos contemporáneos.  Su punto fuerte eran las melodías, ligeras y soñadoras, de aires adolescentes. Una introducción a lo que luego daría en llamarse «dream pop», o lo que Belle & Sebastian hacen tan bien.

¿El secreto de Flipper’s Guitar? Detrás de la sencillez y frescura de sus canciones había dos grandes músicos, Keigo Oyamada y Kenji Ozawa. Oyamada en particular ha dicho varias veces que, en su vida artística, la Santísima Trinidad está formada por tres B’s: Beck, BeatlesBeach Boys. Se dice que la música pop, cuando es buena, es la más meritoria de todas. Esto es así porque consigue atraer al aficionado medio (la plebe, musicalmente hablando -oops, Akane Indie haciendo amigos: big mouth strikes again- para la que Michael Bublé es una B tan grande como la B de Beatles) sin perder validez artística.

Flipper’s Guitar sacaron tres álbumes al mercado: Three Cheers for Our Side! (1989), Camera Talk (1990) y Doctor Head’s World Tower (1991). El último es el más experimental, su Pet Sounds por así decirlo, aunque no es necesariamente el más original. Es el menos personal, el más británico. Menos acústico y más electrónico, menos inocente y más rave , según la definición Madchester de la palabra: Primal Scream, Stone Roses y demás.

Tras separarse en 1993, ambos siguieron sus respectivas carreras en solitario, dejando claro quién había aportado qué al sonido de Flipper’s Guitar. La aportación más comercial (insisto, no por ello menos buena) había sido la de Kenji Ozawa:

Keigo Oyamada era lo que  Brian Wilson había sido a los Beach Boys. Bajo el pseudónimo de Cornelius inició una fulgurante trayectoria, reconocida internacionalmente. La Trinidad sigue intacta aunque Beck es la B que más pesa. B. y C. han trabajado juntos en varias ocasiones (la última, en la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo) y comparten su pasión por la mezcla experimental de electrónica y acústica.

Cornelius + Beck = Scott Pilgrim vs the World

Os presentamos una  nueva colaboración artística, esta vez entre dos músicos: el eterno adolescente Beck Hansen y el hombre orquesta Keigo Oyamada, aka Cornelius. Precursor del Shibuya Kei o «estilo Shibuya» que arrasó en los años 90 (sonido Pizzicato Five, para que nos entendamos) Cornelius viene de un lugar musical parecido al extraño país del que proviene Beck: entre el folk urbano medio experimental y los ritmos electrónicos medio bailables. Muy surrealista y melancólico y enloquecido a un mismo tiempo. Quien escribe no es coleccionista de nada, pero guarda en otra casa y con orgullo maternal cada album y cada single de Beck. Y no son pocos. De Cornelius también lo tengo casi todo, y es que es muy raro que los productos híbridos, tan de moda hoy en día, no sean un pastiche oportunista.

  • Nombre: Cornelius (Keigo Oyamada)
  • Estilo: folk, electrónica, experimental.
  • Te gustarán si te gusta: Beck, Ween y otros bichos raros.
  • Comenzó a finales de los 80 como parte del dúo Flipper’s Guitar, y se ha ganado su reputación en solitario desde 1994.
  • Discografía: The First Question Award (1994), 69/96, Fantasma (1997), Point (2001), Sensuous (2006). Su remix CM3 (2009) es una buena introducción. Varios sellos, entre ellos Matador (hasta el 2006) y Warner.
  • Cómpralo en Amazon.com
  • Enlaces: página web oficial, MySpace.

Source: MySpace. Click!

Scott Pilgrim contra el mundo llegará a España el diez de diciembre y será seguramente el taquillazo de las navidades.  Ya es la película del verano en los Estados Unidos y en Inglaterra, y también lo es en Twitter, donde parece ser trending topic a perpetuidad. Opiniones las hay de todo tipo, divididas entre los geeks y los anti-geeks. A Simon Pegg, quien conoce cada misterio de la trilogía de La Guerra de las Galaxias, le pareció casi la mejor película de la historia:

@simonpegg To sum up then, I am so in lesbians with Scott Pilgrim vs The World.

A Bret Easton Ellis, cuya visión de la realidad no podría ser más diametralmente opuesta a la de Pegg, se le antojó un triste bodrio para niños de piso:

@breteastonellis Hated every minute of «Scott Pilgrim vs. The World» (except for about 45 seconds with Brandon Routh). Excruciating. The geeks were wrong…

No la he visto y, aunque lo del cómico inglés me parece un giro lingüístico fenomenal, me inclino por apoyar al equipo del macabro novelista norteamericano. De hecho, creo que si fuera a verla al cine sentiría vergüenza, de la propia y de la ajena, como si hubiera llegado con diez o quince años de retraso a una fiesta de cumpleaños, o como si me obligaran a presenciar el combate final de Karate Kid. Ya no está uno para esta suerte de heroísmos.

Ah, para el que no lo haya notado, o por si nos acabáis de descubrir, estrenamos plantilla. La vuelta al cole es lo que tiene. A quien le guste, que nos eche un piropo guarro, please. Y a quien no le guste, bueno, pues nada, nadie es perfecto.