2010: el año de Shinsei Kamattechan

Las listas de 2010 están plagadas de Kanye West, lo cual me parece una extravagancia. ¿De verdad gusta tanto en la redacción de Pitchfork y Rolling Stone? Lo dudo. Bueno, de Rolling Stone ya nada me sorprende, igual podrían haber votado a Ramoncín. Pero los hipsters son alérgicos al rap, eso lo sabemos todos. Ahora deciden meter a un rapero en su club y para que el gesto no pase desapercibido le dan la medalla de oro. ¿No? ¿Estoy siendo un cínico? Seguramente.

Aparte de eso, como cada año las listas de lo mejor del año me han servido para darme cuenta de que me he pasado el año entero en el limbo.  No conozco al 80% de las bandas. Por lo menos. Ni zorra idea.

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Una de las que sí conozco (desde 2009, soy así de moderno) es Salem, que para gusto de mi ego aparece en el top 20 de casi todos los tops. «Te lo dije», es lo que digo cada vez que tengo la oportunidad.  Lo cierto es que su directo es atroz, pero en disco son muy dignos. Y tras leer sobre ellos en las webs más selectas los he escuchado sin cesar esta semana.

Salem pertencen al  estilo llamado witch house, que suena como el dubstep pero se llama witch house. Sospecho que la saga Crepúsculo tiene algo que ver con la nueva etiqueta (a ver lo que dura) aunque también hay en ella indicios reales, de pie de calle: depresión, desempleo, abulia juvenil. Me vienen a la mente Morrissey y Marr en Manchester, 1982. El witch house es aire frío en suspensión, un racimo de tinieblas, algo parecido a caminar descalzo sobre la escarcha.

La misma atmósfera se respira en Japón. Allí tampoco están para celebraciones y la escena indie ha levantado la voz, alguna voz alguna vez.  De los cientos de grupos «descubiertos» en 2010, Shinsei Kamattechan (神聖かまってちゃん) es el que más ha destacado. Por varios motivos. Uno de ellos es su imagen. Como sucede con Salem, Shinsei Kamattechan proyectan miedo e inquietud a través de sus vídeos. Gente matando, muriendo, matándose. Todo esto lo hemos visto antes, pero sigue funcionando, igual que una película de terror.

También el sonido es radical. Shinsei Kamattechan son cacofónicos, suenan mal a conciencia. Y las canciones son muy similares las unas a las otras, gracias a un piano que evoca el comienzo de todas las horrendas baladas de amor producidas en el continente asiático en los últimos cincuenta años. Además, está claro que ni Chibajin (bajo) ni  Mono (teclados) ni Misako (batería) ni Noko (voz, guitarra) saben tocar sus instrumentos.  Bravo, digo yo, alusiones a la tradición y amateurismo punk. Me gusta.

Los responsables

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Lo más interesante de todo es que este monstruo ha causado sensación. Sus responsables cuentan con una repentina y relativamente inesperada popularidad. En Akane Indie estamos acostumbrados a vídeos que tienen entre, digamos, veinte y veinte mil vistas. Los vídeos de Shinsei Kamattechan no bajan de las cien mil, y uno de ellos supera el millón. Cuántas formaciones j-pop, premeditadas en despachos, sueñan con esas cifras.

Así comenzó, con una cascada de vídeos. Hace un año aproximadamente Noko, vocalista y líder indiscutible del grupo, se dispuso a grabar clips y a subirlos a YouTube y otras plataformas de Japón, como Nico Nico Douga. Su presencia en la red es intensa. Al comprobar que a los fans les daba pereza despegarse del ordenador y asistir a los conciertos, comenzaron a salir a escena con un laptop que utilizaban para chatear en vivo. «¿Dónde estáis, cabrones?», les decían entre canción y canción.

El efecto ha sido viral.  En marzo de 2010 Shinsei Kamattechan publicaron su primer disco, Tomodachi Wo Koroshite Made («Matar a un amigo»), que se ganó el asombro de la revista de actualidad y eventos Metropolis. Lo describió como «un dibujo a lápiz hecho por un sociópata de cuatro años…» A lo que añadió: «en el mejor de los sentidos posibles».

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A principios de agosto hablaron de Shinsei Kamattechan en The Japan Times, el periódico en lengua inglesa de mayor  tirada en Japón. Los veían como cuatro jinetes musicales del apocalipsis, y por ende imprescindibles. A los pocos días tocaron en el festival Summer Sonic de Chiba, su ciudad natal, en las cercanías de Tokio, y como era de esperar arrasaron. Hasta NME, que andaba por allí cubriendo la invasión británica, se detuvo a entrevistarles.

Para entonces estaban ligados a Warner. Su contrato es muy parecido al que firmara Beck en su día: les permite publicar discos de manera independiente, siempre y cuando hagan los deberes.

Los dos primeros frutos de este acuerdo salen a la venta el 22 de diciembre. Uno se llama つまんね (Tsumanne, «Aburrido»). El otro みんな死ね (Minna Shine, «Todo el mundo muere»). No hace falta decir cuál es el disco lanzado sin el patrocinio de Warner. Al igual que el primero, este verá la luz bajo el sello Perfect Records.

A diferencia del witch house, Shinsei Kamattechan no quieren recordarnos que dan pavor.  Al revés, bajo la apariencia de tenebrismo destilan naturalidad, y ahí reside su encanto. Noko, por medio de sus letras  y sus vídeos, le da al grupo un aire  maléfico. Si no fuera por eso, se diría que son cuatro estudiantes de postgrado tocando música pop desafinada. Tampoco van de nerds: claramente, no muestran interés ni en la moda ni en las fotos. Noko aporta la imagen, pero también es tímido y volátil, tanto que ya odia a la prensa y desaparece en cuanto huele a periodista. Los otros tres sonríen y responden como pueden a las preguntas.

2011 se presenta como un año interesante. Beck es una buena analogía. «Matar a un amigo» me recuerda mucho a Golden Feelings, el animal deforme que puso al aún desconocido músico californiano en boca de los hipsters y en la cima de todas las listas allá por 1993. ¿Qué significa? Un regreso a las raíces en un mundo pesimista. Un dibujo a lápiz, un boceto a carboncillo, un grabado en aguafuerte, un  «desastre de la guerra», una pintura negra… Y lo mejor es que no deja de ser pop.

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http://www.myspace.com/kamattechan

http://nekonekonekoneko.cocolog-nifty.com/

http://id37.fm-p.jp/201/kamattechan/

http://www.audioleaf.com/nokonoko/

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http://sparkplugged.net

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Genealogías: Noodle (Gorillaz)

Noodle

La apodaron así porque cuando llegó a Inglaterra con 10 años ésa era la única palabra que sabía decir, aunque se cree que su nombre real es Suzuki Gonkura. Ahora tiene 19 y es la gran protagonista de la historia de Gorillaz, para quienes canta y toca la guitarra. El pasado de Noodle es parecido al de Jason Bourne: es la última superviviente de las veintitrés integrantes de un proyecto científico-militar secreto que pretendía crear un grupo de élite, y que fue abandonado antes de dar comienzo. Las otras veintidós fueron asesinadas, pero Noodle consiguió escapar. Así es como llegó a Inglaterra, escondida en una caja de FedEx.  Es experta en armas y artes musicales. Es letal. Le gustan Pokémon y su casco con radio incorporada. ¿Una japonesa que se llama Noodle, inseparable de su casco-radio? Algo así como un español que se llama Pescaíto Frito y que no sale de casa sin su espada de Toledo… Y aún queda mucho que contar.

Haruka Kuroda

Noodle (atención, niños y niñas) no es un personaje real. Su creador  es Jamie Hewlett, autor de cómics inglés. Detrás de la guitarra y la voz de Noodle hay también alguien de carne y hueso. De hecho hay varios, entre ellos dos que nos interesan aquí. Damon Albarn tuvo el tacto y el buen criterio de crear un estereotipo japonés con la ayuda de dos artistas japonesas. Hay una persona que pone la voz cantante, y otra que da las entrevistas y recoge los premios. Noodle habla, y cómo:

«You pay peanutsu, you get the monkeys-u, you pay a top dalla, you get the Gorillaz-u!»

Es un acento ficticio. La mujer dueña de esta voz, la actriz Haruka Kuroda, habla muy bien inglés. La historia de Haruka refleja la de Noodle, sin la parte del proyecto secreto, claro. Nacida en Kioto, Haruka empezó a actuar a la tierna edad de cinco años, y a los 9 ya formaba parte de la producción japonesa de Los Miserables.  Se mudó a Londres a los 16 años y desde entones ha vivido allí, donde trabaja como actriz e instructora de artes marciales (!), además de tener su propia compañía de teatro (Shuffle Creation London) desde 2006. Aquí la veis en la televisión inglesa, cantando karaoke y haciendo karate, y en las pelis/documentales en los que ha participado:

Miho Hatori

Hay que decir que Haruka también sabe cantar. Fue Noodle, detrás de una pantalla, durante la primera gira de Gorillaz. La voz original, Miho Hatori, tenía otros planes. Y es que Miho Hatori es la mitad de Cibo Matto, de quienes os hablamos hace un par de días. Tienen su campo base en Nueva York, donde llevan desde mediados de los noventa perpetrando collages musicales, y colaborando a tutiplén con artistas que trabajan en su misma línea. Entre ellos Damon Albarn que incluso ha rendido homenaje al Shibuya kei, uno de los movimientos musicales que inspiraron a Gorillaz. Ésta es su versión del tema «Star Fruits Surf Raider» de Cornelius, superviviente del dúo Flipper’s Guitar:

Varias personas han cantado las canciones de Noodle, últimamente la ex-Talking Heads Tina Weymouth. Miho Hatori le puso la voz en el primer álbum. La puedes oír, por ejemplo, en el estribillo del single «19-2000«. Y, en exclusiva, cantó ayer mismo con Gorillaz en el Madison Square Garden de Nueva York. Aquí un vídeo de ese cocierto, 8 de octubre de 2010:

Además, Miho Hatori y su compañera de grupo han colaborado con otros dos maestros del cut-and-paste de los años 90: el francés Michel Gondry, que las dirigió en el vídeo de «Sugar Water» (ya te lo enseñamos) y el omnipresente Beck Hansen, pastiche preferido de quien escribe. Cibo Matto estuvieron de gira con Beck,  que también admira el Shibuya kei y ha colaborado con Cornelius, en la banda sonora de Scott Pilgrim contra el Mundo. De la gira salió un dúo fantástico, el que formaban Miho y el guitarrista de Beck, Smokey Hormel. Su proyecto, llamado Smokey & Miho, es un tributo a la bossa nova y la samba, y demuestra la deuda de todos estos artistas con la música brasileña.

Y ya que estamos en los trópicos, el que sigue, aunque no lo parezca, es un tema de los Beastie Boys featuring Miho Hatori. Está claro que fue ella la que les llevó a un terreno musical que no habían pisado antes:

Miho y los Beastie Boys tienen una relación estrecha, tan estrecha que algunos consideran a la japonesa «el cuarto Beastie Boy». Entre ellos ha habido muchas colaboraciones, notablemente en Hello Nasty (1997), el de «Intergalactic«, su disco más vendido. Los Beastie Boys dirigían el exclusivo y ahora difunto sello Grand Royal que en 1996 fichó a Cibo Matto, un contrato del que surgieron dos trabajos, el EP Super Relax (1997) y el LP Stereotype A (1998). El origen del equipo Beastie Boys-Miho Hatori se remonta al álbum Viva! la Woman (1996), cuyo productor fue Russell Simins (aka John Spencer Blues Explosion), otro que también está en el ajo. John Spencer Blues Explosion + Cibo Matto = Butter ’08, supergrupo de inspiración gastronómica, como todo lo que toca Cibo Matto. En 1997 Butter ’08 grabaron un clásico desconocido y acto seguido se divorciaron.

Y, ah amigos, resulta que la parte menos visible de Cibo Matto, Yuka Honda, llevaba años intimando con (taaaachán!) Sean Lennon. Él también sacó un disco gracias a Grand Royal Recods, Into the Sun (1998), en el que por supuesto colaboraban Miho y Yuka. Durante una temporada, Sean fue galán o chorbo de Yuka Honda, y miembro oficial de Cibo Matto. Lo puedes ver aquí tocando el bajo (y lo hace muy bien, igual de bien que Mr. Simins a la batería) en su primera aparición en la MTV:

Y por si este vídeo no os ha impresionado (a mí me impresionó descubrirlo) la mamá de Sean Lennon, una señora llamada Yoko Oko, también convenció a Cibo Matto para que le hicieran un remix de «Talking to the Universe», una de las canciones de su disco  Rising Mixes de 1996… Y para teminar de rizar el rizo, Russell Simins montó hace unos años un supergrupo llamado Men Without Pants con Dan the Automator, aka Daniel M. Nakamura, productor del disco de Gorillaz en el que Miho Hatori le puso voz a Noodle. Sobra decir que tanto Sean Lennon como Cibo Matto forman parte del plantel de Men Without Pants:

El resto lo dejó para otro día, que se me enfrían las lentejas. Queda tranquilx, ya os contaré más cosas, recuerda nuestro lema: «en Akane Indie lo miramos en Google para que tú no tengas que hacerlo».

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PD: Gorillaz + Miho Hatori. Nueva York 8 de octubre; Los Angeles, 27 de octubre. Sólo en estas dos fechas, y en exclusiva.

Shibuya-kei (3): Cibo Matto – Know Your Chicken

En febrero de 1996 la revista TIME le dedicaba un pequeño reportaje al nuevo hip hop americano. Ese año dos grupos, ninguno de los cuales era mayoritariamente americano, estaban causando sensación.

El primero era The Fugees, el trío formado por Lauryn Hill, Michael Pras y Wycleaf Jean. Si lees la prensa musical, o incluso si tan sólo ves el Telediario de refilón, sabrás de la controvertida candidatura de Wycleaf Jean a la presidencia de Haiti. Y es que tanto Jean como Pras tienen pasaporte haitiano. Lo que trajeron a Estados Unidos, y lo que aportaron al hip hop en general y a the Fugees en particular, fue el reggae. Además, dulcificaron el gansta rap con menos violencia y más canción protesta, y con algunas letras pop. La enorme «Killing Me Softly With His Song» (original de Roberta Flack) convirtió a Fugees en uno de los grupos más populares de 1996. Hill, Pras y Jean crearon escuela pero no moda, y así el hip hop comercial de la década siguiente tuvo más putas, coches, dinero y pistolas que otra cosa. (Aunque los ex-Fugees sacaron grandes álbumes en solitario; de ellos, el primero de Lauryn Hill es el favorito de un servidor de ustedes.)

Pero esto, claro, no lo pudieron adivinar en la revista Time, cuando se quitaban el sombrero ante la novedad y miraban al futuro con esperanza. Tampoco podían adivinar el abismo de popularidad que separaría  a Fugees de Cibo Matto, el segundo grupo en cuestión. Yuka Honda y Miho Hatori, llegadas de Japón al East Village de Nueva York, desde 1994  haciendo una forma de funky jazz rap que se miraba en el espejo de los Beastie Boys y De La Soul. Sus letras, siempre en inglés, no podían ser más diferentes de las de Fugees. Haciendo honor al escapismo del Shibuya kei, el tema social les interesaba más bien poco. O nada: «Who cares, I don’t care!» es uno de sus versos más famosos. Cibo Matto significa «comida loca» en italiano, y sus canciones hablaban casi exclusivamente de, bueno, de comida, con el sentido del humor surrealista de un Beck (sip, otra vez, la sombra de Beck es alargada) o un Allen Ginsberg. La  canción «Birthday Cake» tiene líneas geniales como éstas: «I’m cooking for my son and his wife… it’s his 30th birthday… Shut up and eat!».

Cibo Matto entraron en la escena musical americana en 1995, con un EP homónimo que llamó la atención de bastantes productores y discográficas. Su primer LP, Viva! La Woman (1996), fue producido por una grande, Warner, e incluía temas tan conocidos hoy como «Know Your Chicken». Otro de los sencillos de este álbum, «Sugar Water», alcanzaría nuevas cotas de popularidad un par de años después al aparecer en la segunda temporada de la serie Buffy Cazavampiros. Esto llevó a una reedición del single y a un vídeo dirigido ni más ni menos que por Michel Gondry, el director más de moda en aquella época y aún hoy. Por cierto, haciendo gala de la misma sagacidad comercial que la SGAE, Warner se empeña en impedir que hagamos promoción gratuita de Cibo Matto, así que no podemos incluir estos vídeos aquí, pero te recomendamos encarecidamente que sigas los enlaces.

También te recomendamos que compres el álbum (descárgalo en Mediafire, luego envíale un email a Warner con la noticia) sobre todo si te interesa la música de los 90. Aunque Cibo Matto no se hicieron millonarias con Viva! La Woman, este trabajo les sirvió para conquistar un puesto de honor en la muy concurrida escena musical indie de Nueva York. Desde luego la revista TIME no se olvidó de Yuka y Miho. En el año 2000, Christopher John Farley, el autor del reportaje del que te hablamos aquí, colocaría a «Sugar Water» en el puesto número cinco de su lista de los mejores temas de hip hop alternativo de la historia, compartiendo cartel con varios capos, mucho más famosos que el dúo japonés:

1. «Testify» Rage Against the Machine
2. «Overcome» Tricky
3. «Fear Not of Man» Mos Def
4. «I’m Diggin You (Like an Old Soul Record)» Me’Shell NdegeOcello
5. «Sugar Water» Cibo Matto

A Viva! la Woman le siguieron dos discos más y una serie de incursiones musicales de las que te hablaremos en otra ocasión. Cibo Matto se disolvieron en 2001, aunque tanto Miho como Yuka han tenido exitosas carreras en solitario. Esta historia también la dejamos para otro día. Para terminar, la escena hip hop japonesa de los 90 tuvo algunos grupos que no andaban muy lejos de Cibo Matto, y que también pertenecen al Shibuya kei. Un par de ejemplos: Havana Exotica, con dos miembros que luego entrarían a formar parte de Buffalo Daughter:

… Y Scha Dara Parr, que siguen en activo aunque tengan muy poca visibilidad. En el año 94 vendieron medio millón de copias de su single «Konya wa Boogie-Back», con la colaboración del amigo Kenji Ozawa, ex-Flipper’s Guitar. De nuevo la cuestión de la legitimidad. ¿Rap japonés? Pues sí, a veces con todos los ghetto-ingredientes. Hay un libro sobre el tema.

Shibuya-kei (2): Flipper’s Guitar – Colour Me Pop

Flipper’s Guitar no tuvieron el alcance internacional de Pizzicato Five, aunque fueron tan pioneros como ellos. De hecho, no son pocos los que consideran a Flipper’s Guitar el grupo fundador del estilo Shibuya. Alguien tenía que ser segundo en nuestra serie. No por ello es menos bueno.

Pizzicato Five eran la esencia de los sesenta. Flipper’s Guitar fueron la esencia del pop. Lo que sonaba en la radio japonesa en el año 2000 era muy diferente de lo que había sonado en 1990, gracias en parte al grupo que nos ocupa hoy. Mientras que Pizzicato Five se especializaron en Twiggy, Hepburn y Bardot, Flipper’s Guitar se empaparían de los sonidos contemporáneos.  Su punto fuerte eran las melodías, ligeras y soñadoras, de aires adolescentes. Una introducción a lo que luego daría en llamarse «dream pop», o lo que Belle & Sebastian hacen tan bien.

¿El secreto de Flipper’s Guitar? Detrás de la sencillez y frescura de sus canciones había dos grandes músicos, Keigo Oyamada y Kenji Ozawa. Oyamada en particular ha dicho varias veces que, en su vida artística, la Santísima Trinidad está formada por tres B’s: Beck, BeatlesBeach Boys. Se dice que la música pop, cuando es buena, es la más meritoria de todas. Esto es así porque consigue atraer al aficionado medio (la plebe, musicalmente hablando -oops, Akane Indie haciendo amigos: big mouth strikes again- para la que Michael Bublé es una B tan grande como la B de Beatles) sin perder validez artística.

Flipper’s Guitar sacaron tres álbumes al mercado: Three Cheers for Our Side! (1989), Camera Talk (1990) y Doctor Head’s World Tower (1991). El último es el más experimental, su Pet Sounds por así decirlo, aunque no es necesariamente el más original. Es el menos personal, el más británico. Menos acústico y más electrónico, menos inocente y más rave , según la definición Madchester de la palabra: Primal Scream, Stone Roses y demás.

Tras separarse en 1993, ambos siguieron sus respectivas carreras en solitario, dejando claro quién había aportado qué al sonido de Flipper’s Guitar. La aportación más comercial (insisto, no por ello menos buena) había sido la de Kenji Ozawa:

Keigo Oyamada era lo que  Brian Wilson había sido a los Beach Boys. Bajo el pseudónimo de Cornelius inició una fulgurante trayectoria, reconocida internacionalmente. La Trinidad sigue intacta aunque Beck es la B que más pesa. B. y C. han trabajado juntos en varias ocasiones (la última, en la banda sonora de Scott Pilgrim contra el mundo) y comparten su pasión por la mezcla experimental de electrónica y acústica.

Shibuya-kei (1): Pizzicato Five -The Audrey Hepburn Complex

En Akane Indie no solemos pensar en la ética, pero nos preocupa mucho la estética. Así, aunque desconocemos o ignoramos los problemas del mundo, tenemos un gusto exquisito. Por eso dedicaremos varias entradas a uno de los movimientos más escapistas de la historia de la música pop: el Shibuya kei o «estilo Shibuya». Nada mejor que empezar con el más conocido de todos los grupos, Pizzicato Five, y con la más conocida de todas las canciones, «Twiggy Twiggy»:

El arte por el arte. Evocar la cultura de principios de los 60 a finales de los 80 (dos épocas de prosperidad y exceso) es un desafío a las leyes del sentido común.  Frívola nostalgia. El título del primer disco, The Audrey Hepburn Complex (1985), define a Pizzicato Five a la perfección. Lo más curioso es que triunfaron en los años 90, cuando Japón abandonaba la euforia de los 80 y caía en depresión post-orgásmica, mientras que en Europa y los Estados Unidos las hombreras y las permanentes dejaban paso al grunge, la Generación X y las ONGs. Así que, dentro de la comunidad indie, hubo mucho rechazo al hedonismo del Shibuya kei. Pero el malestar no era más que una moda pasajera. El lujo viene y va. La crisis pasó, volvió la prosperidad, pasó la prosperidad, la crisis volvió. Poco importa. Además, incluso quienes adoraban a Kurt Cobain y a su desaseo personal dejaban de parpadear cuando veían a Maki Nomiya en la MTV.

Pizzicato Five buscaban el cóctel perfecto, y en dieciséis años y treinta discos de historia, tuvieron tiempo y espacio de probarlo casi todo. Aunque siempre se colocaron a la sombra de Audrey Hepburn… Hepburn y Twiggy, James Bond, el mod, la nouvelle vague… Con la notable excepción de la psicodelia, los años sesenta:

Y una herencia fundamental: la bossa nova según Caetano Veloso, que también vivió un gran momento en esa década  y que regresaría hacia 1990, como accesorio acústico sensual. Además, hay un ingrediente muy japonés en todo ello: el kitsch, que en Europa nos da un poco de vergüenza aunque no podamos dejar de reconocer lo bien que lo practican en el país del sol naciente. El kitsch (acaso camp) vino a decir que Pizzicato Five no se tomaban a sí mismos demasiado en serio, lo cual hizo de éste un grupo antiguo pero no anticuado, fresco, sin el acartonamiento de la «clase alta» a la que imitaban. A esta mezcla le ayudó el descubrimiento del samplingcortar lo mejor de otras canciones y pegarlo en las propias. Entonces muchos lo consideraban una forma de plagio y una prueba de la falta de creatividad generalizada; hoy se sabe que fue una revolución musical:  Beck, Fatboy Slim, Daft Punk y Pizzicato Five lo practicaron a discreción (todos sus éxitos son samples) y pertenecen a la misma generación artística.

La fórmula funcionó muy bien en América y en el Viejo Continente. Algo extraño ya que uno de los sambenitos de la cultura pop japonesa es su supuesta falta de «autenticidad». En occidente solemos pensar que al abandonar los estereotipos (el manga, los robots y lo friki en general) los nipones sólo producen versiones equivocadas de nosotros mismos. Hay mucho paternalismo en esta creencia, ya que por aquí nos copiamos los unos a los otros: Mick Jagger, más inglés que Dickens, canta con acento de Tennessee… y Brandon Flowers, del mismo Las Vegas pero fanático de los Smiths, canta como si hubiera nacido en Manchester. Y de cómo copian los grupos españoles a los ingleses y americanos, mejor no hablamos. Por nuestra falta de comprensión y paciencia, grupos que no son «típicamente japoneses» como X Japan (hair metal made in Japan) han vendido 20 millones de discos allí, pero aquí nadie los conoce.  En fin, esto no ha pasado con el Shibuya kei, y sobre todo no ha pasado con Pizzicato Five, a quienes tanto los no japanófilos como los no melómanos han escuchado alguna vez.

Pizzicato Five se disolvieron en 2001, en la cúspide de su carrera. Atrás quedó el Shibuya kei, nacido en el barrio tokiota de ese nombre, y hoy queda su amplia herencia internacional. Lo que hace Dimitri From Paris, por citar un caso, no se llama «retro» ni «New-nouvelle vague» ni «años 60» ni «estilo beat», sino Shibuya kei. Dentro de Japón, entre 1990 y 2000 cientos de grupos lanzaron discos al mercado siguiendo los pasos de Pizzicato Five. Y ha habido revivals. De unos y otros os hablaremos estos días. Sin embargo, por raro que parezca, hoy es difícil encontrar bandas o solistas que tengan «el complejo de Audrey Hepburn».

Esto es así, creo yo, porque la industria musical ha cambiado. Quienes se quieren parecer a Maki Nomiya son inmediatamente atraídas a la vorágine del Oricon (los 4o Principales de Japón), donde pierden lustre. Un buen ejemplo de lo que digo es Karia Nomoto, una versión delgada (!) de Nomiya. En segundo lugar, la bossa nova ha sido reinterpretada en infinidad de temas aguados o easy listening, que sólo sirven para sonar en los ascensores, en los hospitales y en los peores recopilatorios de música chill out. Otra vertiente ha sido el techno, que no sale de las discotecas, y la música instrumental hecha por DJ’s, que en casos como el de Qypthone es muy interesante. Pero todos ellos toman prestadas imágenes directamente de 1963 o hacen uso de modelos y diseñadores para evocar el glamour de la época en sus vídeos y portadas. Falta quizás algo de carisma.

A decir verdad, también en los noventa las copias exactas de Pizzicato Five escaseaban. Y es que el Shibuya kei es muy variopinto, cada grupo tenía su estilo. El mérito de este movimiento es haber conquistado las listas de éxitos sin dejar de ser maravillosamente cool.