Moskitoo | Mitosis

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En Mitosis, su nuevo trabajo, Moskitoo muestra su lado más contemplativo. El estudio es el dormitorio, como lo había sido en discos anteriores, aunque ahora la pátina de soledad tiene el beneficio de la experiencia. Ya no suena solo a Casio PT-82. Sigue siendo ruido, y no contiene canciones sino libre improvisación extremadamente minimalista.  Nos adentra en eso que se llama onkyokei: una evolución de la música hacia el silencio, que en verdad es el murmullo de lo que nos rodea. La fabulosa Sachiko M (no me cansaré de pinchar este vídeo, uno de los menos populares de Akane Indie) y Otomo Yoshihide estarían en la misma liga. Todos ellos comenzaron reuniéndose una vez a la semana en Off Site, un pequeño club de Tokio, hace algunos años, y terminaron forjando su propia identidad. Es el otro extremo del japanoise, un punk de nuevo cuño, si me permiten usar la etiqueta: es una reacción primaria en contra del sistema, pues no hay dinero alrededor, a través de un educado filtro geek y con un énfasis muy particular en el diseño. Y el diseño es limpieza, lo contrario del punk original. Muy interesante, de lo más interesante que ha salido de Japón últimamente. “Suena japonés”, por mucho que los propios músicos se nieguen a reconocerlo. En resumen, casi ni se oye.

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El auge del K-pop (y el declive del J-pop)

“Gentleman”, el último sencillo de Psy, ha superado ya los 500 millones de vistas en YouTube. Va camino de convertirse en el vídeo más visto de la historia. Con permiso de “Gangnam Style”, claro. El pop surcoreano (K-pop) parece haber surgido de ninguna parte. Hasta hace apenas unos años, Japón era el único país asiático del que nadie sabía nada, musicalmente hablando. Y había que ser un friki para saber algo. Como bien indica Google Trends, el ascenso del K-pop entre la comunidad global de fans es paralelo a la pronunciada crisis de su homólogo nipón. En una palabra: Corea (en color azul) ha ocupado el vacío dejado por Japón (en color rojo). Los picos de “Gangnam Style”, a finales de 2012, tan solo apuntalan el auge del K-pop.

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El resto es un artículo que he escrito para Entretanto Magazine. Aquí puedes seguir leyendo.

Revista Eikyô: número 10 a la venta

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Ha salido la revista Eikyô, como siempre llena de cosas interesantes: historia, cine, manga, arquitectura, origami, reseñas y por supuesto música. Esta vez he escrito sobre el mega-conjunto ska Shibusashirazu Orchestra. Se trata de una troupé de músicos, bailarines y actores que va de gira por los festivales del mundo. Aunque recuerda a otros grupos similares (empezando por Mano Negra en España) SO incorpora elementos originales. Por ejemplo, algunos de sus miembros evocan los movimientos del butō, el baile lento, catárquico y triste, desarrollado en Japón a raíz de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Y no deja de ser una fiesta. Compra Eikyô online.

Retro retro retro (primera parte)

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En el útimo mes he querido escribir sobre la música “retro”, pero lo que hecho ha sido tocarme el pie y comenzar un blog sobre Tailandia. Así que nada. Solo voy a presentar a Howard Williams, a quien llevo siguiendo la pista durante años. Howard Williams ha editado algunos de mis recopilatorios favoritos, tales como Nippon Guitars Killing MelodyEl primero, publicado al poco de publicar yo MI LIBRO, es un recordatorio de lo bien que suena Takeshi Terauchi y el surf-rock en general en formato vinilo. El segundo es una perla setentera inigualable: sucia y sedosa, porno para los oídos.

Howard Williams es el propietario de ETHBO, un sellito independiente sin Facebook ni blog ni nada de nada, que produce rarezas y caprichos varios en años de vacas gordas. También colabora con la bien conocida discográfica vintage ACE. En 2008 ACE sacó Nippon Girls, mega-éxito internacional, obra de la guapa Sheila Burgel. Ahora ACE y Howard Williams editan Masaaki Hirao and His All Stars Wagon: Nippon Rock, the Birth of Japanese Rokabirii, 1958-1960. Masaaki Hirao fue uno de los dos o tres “Elvis japoneses” que hubo en Japón a finales de los años 50. En realidad, casi todos los pioneros, incluso Kyu Sakamoto, comenzaron jurando sobre la Biblia del rockabilly.  Y no, este no es un acto de “copia y pega” oriental. Aquí hay rock ‘n’ roll de cuando casi no había guitarras eléctricas, filtrado a través de una densa tradición, que precede y se superpone a Occidente. Lo espero con impaciencia amorosa, como si fuera Goldie Hill, viendo pasar de largo al cartero en 1952.

Aquí tienes la entrevista y una muestra de lo que ofrece Masaaki Hirao: Nippon Rock, según la mano de Howard Williams.

¿Cuándo nació tu interés por la música nipona? ¿Hay alguna canción, algún grupo, sello o historia que te empujaran a saber más sobre el rock japonés?

De niño tuve la suerte de ver en vivo al gran percusionista Stomu Yamashta, como parte de la compañía teatral Red Buddha [una troupe de rock progresivo que actuó en Europa en los años 70]. La banda sonora fue uno de los primeros discos que compré. La escuchaba continuamente en aquella época, pero luego languidecería en mi colección. Hace no mucho tiempo la volví a escuchar (con otros oídos) y me gustó tanto que la añadí a la lista de temas que pincho en vivo.

En el espectáculo de Yamashta, había un par de canciones de estilo Min’yō [folk japonés, tocado con el shamisen], escritas en la escala pentatónica. Cuando empecé a visitar Japón por cuestiones de  trabajo, y más tarde de vacaciones, escuché más música compuesta en esta escala y me acostumbré a los sonidos. Tiene algo en común con otras escalas orientales que también puedes encontrar en la música africana o árabe, en el folk y en el blues. Las canciones que me llamaban la atención sonaban en todas partes: en bares, en tiendas, en la televisión, e incluso en el hilo musical de los aviones.

En una de mis visitas a Japón, me hice amigo de un otaku, que compartía mis gustos musicales occidentales, y que  me abrió la caja de sonidos  nipones con una serie de mixtapes. Hasta la fecha, ha creado más de 800 cassettes, todos ellos diferentes. Es un logro increíble, yo solo tengo una pequeña selección, pero lo que tengo me lanzó en un nuevo camino de descubrimiento. A través de contactos en compañías discográficas también he tenido el privilegio de ver en vivo a algunos de los más legendarios músicos de folk japoneses. The Jacks fue el primer grupo que me impactó, con su mezcla de folk, garage y jazz, con un resto de The Velvet Underground (aunque lo más probable es que esto último fuera accidental).

¿Eres coleccionista? ¿Cuántos álbumes nipones tienes? ¿Cómo te hiciste con ellos? ¿Vas a Japón con el propósito de comprar discos?

Sí, lo soy. Comencé a comprar en mi primer viaje. Una re-edición del primer LP de Takeshi Terauchi fue parte del botín. Me cautivó de inmediato su versión eléctrica de antiguas canciones folk japonesas, y enseguida me sentí empujado a conocer más. Busco en internet, hago expediciones a tiendas cada vez que estoy en Japón e incluso encuentro algún disco que otro en Londres, aunque esto no suele ocurrir. No me gusta llevar la cuenta. Debe de haber más de mil en mi colección: LPs, 78s, 45s, y también algunos CDs. Pero este es el resultado de una criba hecha durante muchos años entre miles de discos más. El periodismo musical está saturado con imágenes de DJs posando junto a sus voluminosas discotecas. Es la calidad y no la cantidad lo que cuenta.

¿Escuchas nueva música japonesa? ¿Qué opinas del J-pop?

Me temo que no. Conozco las novedades, pero el pop moderno me interesa muy poco, y no creo que sea una cuestión de edad solamente. Siempre ha habido mala música pop, y siempre ha habido buena música pop, e incluso la ha habido genial, pero es obvio que la producción, el talento y la composición contemporáneos no se acercan al calibre de las décadas pasadas. El J-pop, como el resto del pop actual, es demasiado corporativo para mi gusto. [El traductor quiere insistir aquí en la imposibilidad de no meter a todo el pop en el mismo saco artístico-mercantil].

AKB48 es un buen ejemplo de cómo la música popular ha evolucionado hasta convertirse en una máquina eficiente y despiadada de marketing y bombo. El pop siempre ha tenido sus “fábricas”, pero al comparar la innovación y calidad de, por ejemplo, Joe Meek, Motown y Studio One, con lo que está disponible en la actualidad, uno tiene muchas dificultades para encontrar materiales tan duraderos en la melé contemporánea.

¿Escuchas algún otro tipo de música asiática?

Si, claro, también tengo discos de Indonesia, Malasia, Singapur, Tailandia y otros lugares en el camino.

Veo que eres un DJ. ¿Qué opinas de la música nipona de los años 60 y 70? ¿En qué se diferencia de aquella hecha en los Estados Unidos y el Reino Unido?

Es interesante que países como Japón tomen estilos, como el R ‘n’ B y el Rock ‘n’ Roll, y los adapten a su propio gusto. Quizás es una cosa isleña. Igual que Jamaica absorbió el R ‘n’ B e inventó el reggae, el kayokyoku [el pop propiamente dicho hasta la década de 1980] en Japón evolucionó hasta convertirse en un sonido japonés con tintes occidentales, a veces con motivos folk, junto a una producción e instrumentación occidentales. Las grandes compañías discográficas niponas siempre han mantenido a orquestas de mucho talento, así como a músicos de estudio y productores, que crearon grandes canciones.

La diferencia puede residir en que una canción haya sido escrita en una escala occidental mayor o menor, o en una escala japonesa pentatónica mayor o menor, o en una mezcla de cualquiera de estas. Siempre ha habido una larga tradición de blues en la música popular japonesa. El mejor ejemplo es el enka, el tipo de balada que se escucha mejor bebiendo sake en un pequeño bar del centro. Se han hecho bastantes comparaciones entre este tipo de música y el country estadounidense. La tradición blues también se puede ver en el kayokyoku y otros estilos japoneses. Hay multitud de platos nipones que contienen dashi (caldo) con sabor a blues. Desde los años 20 hasta la posguerra, muchas canciones japonesas eran llamadas burusu o blues. No eran blues en el sentido afroamericano de la palabra, pero sonaban un poco a blues.

Lamentablemente, hay menos garage en el rock nipón de los 60. Las bandas con esa crudeza elemental escasean. Parece que los sellos discográficos siempre querían incluir una orquesta, también en los grupos de guitarras. [Esto sí que es interesante, nunca lo había pensado, aunque creo que el garage está presente a veces en las caras B, donde hay muchas menos trompetas]. Las cosas mejoraron en los 70, cuando muchos grupos japoneses encontraron su propia voz.

¿Qué relación hay entre Ethbo y ACE? ¿Cuál es la historia detrás de estos sellos?

No están relacionados, salvo por mi trabajo. ACE Records es un sello legendario de reediciones, en marcha desde mediados de los 70. ACE distribuye a muchas otras discográficas muy pequeñas.

Ethbo es un sello minúsculo, que yo mismo comencé a mediados de los años 90. Solo edito discos muy ocasionalmente, sobre todo debido a la falta de dinero. Y no tiene una estructura definida. Los últimos lanzamientos fueron Killing Melody, una recopilación de bandas sonoras delPinky Violence, seguido de un disco de Dean Carter, disidente rockabilly/garage de los años 60. Antes de eso, saqué el álbum post-rock de una banda tokiota, los sonidos de un artista de vanguardia, las canciones de un cantautor estadounidense, y algo más. También soy co-director de otro pequeño sello desde los años 90, Rita Records. Nuestro primer disco se convirtió en un éxito internacional, pero esta es otra historia. [Creo que se refiere a esta maravilla de Island Boy].

¿Cuáles son los discos más populares de estos sellos?

Según parece una recopilación de temas de Wanda Jackson es uno de los grandes triunfos de ACE. Es pura coincidencia, pero Wanda Jackson tuvo una canción muy popular en Japón a finales de los 50: una versión de “Fujiyama Mama” [No he hablado de esta canción en el blog, pero la letra, número 1 en Japón en 1957, no tiene desperdicio: “I’ve been to Nagasaki / Hiroshima too / The same I did to them baby / I can do to you”].

Hablemos de la recopilación surf-rock, y del disco Nippon Girls… Si no es mucho pedir, ¿sabes cuántas copias se han vendido en total? ¿Cuántas en vinilo? ¿A qué países se las envíais? ¿Recibís muchos pedidos de Japón?

Los dos discos Nippon se han vendido muy bien. No conozco las cifras exactas. El vinilo de Nippon Girls (editado por Sheila Burgel) lo sacamos muy recientemente, tras recibir pedidos de Japón. Ha sido un éxito absoluto, aunque el CD saliera hace ya cuatro años. Nippon Guitars también ha funcionado bien, ¡pero el surf-rock y la música instrumental son más difíciles de vender que el pop femenino yeyé! EE.UU. y Alemania son probablemente los dos mercados más importantes. Ambos títulos fueron re-editados en Japón. Mi próxima recopilación con ACE [la que presento aquí] es Nippon Rock ‘n’ Roll: Masaaki Hirao, y explora el nacimiento del rock ‘n’ roll en Japón. Estas grabaciones fueron hechas seis años después de la ocupación Aliada de Japón, y durante los primeros murmullos de la rebelión juvenil.

¿Por qué crees que a la gente le atrae la música retro?

“Nada nuevo bajo el sol”. ¿Por qué acudir a las imitaciones cuando puedes escuchar el original?

Cuando pinchas… ¿analógico o digital?

Analógico siempre. Cualquiera puede bajarse un MP3 o copiar un CD. Pinchar el formato original es otra cosa.

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1. When did you get interested in Japanese music? Was there a particular song, band, label o story that made you want to know more about Japanese rock?

I was very fortunate as a child to have seen the great percussionist Stomu Yamash’ta, and his staging of the Red Buddha Theatre. The soundtrack album was one of my first record purchases, played repeatedly back then, but languished in my collection until only recently, when I heard it with new ears, and made it part of my set. In Yamash’ta’s show, there were a couple of minyou style songs, written in the pentatonic scale. Once I started visiting Japan on business, then for holidays (and business) I heard more music composed in this scale and became attuned to it. It has a commonality with other eastern scales that you may find in Arabic and African music, folk songs and the blues. Tunes that caught my attention were everywhere, in bars, shops, on TV, and even inflight entertainment radio. On another visit to Japan, I befriended a musical otaku, (geek,  nerd or obsessive) who shared my taste in western music and opened up the Japanese musical box to me with his mix-tapes. He has made over 800 cassettes – all different – an incredible feat, I only have a small selection, but they set me off on the road of discovery. Through record company connections I have also been privileged enough to see some legendary Japanese folk musicians’ performances. In terms of Japanese rock, The Jacks were the first band that struck me, with their particular blend of folk, garage and jazz, with a smattering of the Velvet Underground (though it is most likely this is accidental).

2. Are you a music collector? How many Japanese albums do you own? How did you find them? Do you visit Japan, buy records there?

Indeed, I started buying on my first trip, a reissue of Takeshi Terauchi’s first LP was among that hoard. I was immediately taken by his electrifying of old Japanese folk tunes and had to hear more. I search the web, go on buying trips whenever I’m in Japan and even find the occasional record in London, but that’s pretty unusual. I don’t like to bean count, there must be over 1000 in my collection – LPs, 78s, 45s, even some CDs – but these have been sifted from  thousands more, over the years. The music media is swollen with images of DJs standing in front of their voluminous record collections; it’s quality, not quantity that counts.

3. Do you listen to new music from Japan? What’s your opinion about j-pop?

I’m afraid not. I hear of the newer acts, but have very little interest in modern pop, and I don’t believe it’s just a matter of age. There has always been bad pop and there’s always been the good, or even great, but it’s obvious that contemporary production, songwriting and talent are nowhere near the calibre of previous decades. J-pop, like all pop these days, is too corporate for my taste. AKB48 is a great example of how popular music has evolved into a mercilessly efficient hype and marketing machine. Pop has always had its ‘factories’, but comparing the innovation and quality of, say, Joe Meek, Motown or Studio One, to what is available now, one would be hard pushed to find any such lasting material in the current melee.

4. Do you listen to any other Asian music?

Certainly, I also have records, from Indonesia, Malaysia, Singapore, Thailand and a few other stops on the way.

5. I have seen that you’re a DJ. What’s your opinion about Japanese 60s and 70s music? How is it different from the music made in the US or the UK?

It’s interesting how countries like Japan take styles, like R’n’B or Rock’n’Roll, and adapt them to their own taste. Maybe it’s an island thing, just as Jamaica absorbed R’n’B and invented reggae, kayokyoku in Japan evolved into a western tinged Japanese sound, sometimes with folk motifs, alongside western instrumentation and production. The larger Japanese record labels always maintained high quality in-house orchestras, backing musicians and producers, who created some great music. The difference would be that a song may have been written in a major or minor western scale, or Japanese pentatonic major or minor, or a blend of any of them. There has long been a strand of blues throughout Japanese popular music. The most apparent example is enka, the  torch-song ballad best listened to over several cups of sake in a small downtown bar, comparisons between this musical form and American country have been made often. The strand also runs through kayokyoku and other Japanese styles, a blues dashi (stock) for many musical dishes. From the 1920s to post war, there were numerous songs called burusu or blues. They were not specifically blues in the African-American sense, but taking a note out of that songbook – ‘bluesy’.

Sadly, there’s less garage in Japanese 60s rock,  bands with that elemental rawness are thinly spread. Record labels seemed to always want to use their orchestras, even with guitar groups. Things came together more in the 70s, when more Japanese bands found their own voice.

6. How is Ethbo related to ACE? Would you tell me the story of these labels?

They are not related, other than through my work. Ace Records is a legendary reissue record label, which has been running since the mid 1970s and is an umbrella for a host of other fine labels.

Ethbo is a tiny label, set up in the mid 90s by myself. I only release titles very occasionally, mainly due to lack of money. The style of the label is completely unstructured, the last two releases were Killing Melody, a compilation of Pinky Violence soundtracks, followed by the 60s rockabilly / garage maverick Dean Carter, before that, a Tokyo based post rock band, an avant-garde artist, an American singer-songwriter, and more. I also co-ran another small label in the 1990s, Rita Records, our first release became an international hit, but that’s another story.

7. What are the most popular albums -artists, compilations?

Apparently a Wanda Jackson compilation is one of Ace’s biggest sellers, coincidentally, she had a hit in Japan, in the late 50s, with a cover version of “Fujiyama Mama”.

8. About the surf compilation and the Nippon Girls album… If it’s not too much to ask, do you know how many copies have been sold so far? How many of them on vinyl? Which countries do you ship them to? Do you get many orders from Japan? (Do you have any stats I can use?).

Both the Nippon titles have sold very well. I don’t have exact figures. The Nippon Girls (compiled by Sheila Burgel) vinyl was only produced recently, after requests from Japan, it has been a roaring success, even though the CD was released four years ago. Nippon Guitars has also been successful, but surf and guitar music is harder to sell than 60s female pop! America and Germany are probably the largest markets for these albums. Both titles were given a domestic release in Japan. My next compilation on Ace is due at the end of June 2013, Nippon Rock’n’Roll: Masaaki Hirao, which charts the birth of rock’n’roll in Japan. The recordings were made six years after the Allied occupation of Japan and during the first rumblings of youth rebellion.

9. Why do you think people are attracted to retro music?

“There is nothing new under the sun”. Why go for a pale imitation, when you can listen to the real thing?

10. What did you play on your last set? Analog or digital?

Strictly analogue, anyone can burn MP3s off the internet or copy CDs, but to play the original format is something else entirely.

Japón en 2012: de todo menos “Gangnam Style”

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“Manatsu no Sounds Good”, el single del año en Japón.

 

Ya que este es un blog dedicado a la “música alternativa”, una entrada sobre súper-ventas parece una contradicción. Y lo es, queridos lectores, tienen ustedes razón. También es cierto que las opiniones ajenas, en la redacción de Akane Indie, siempre nos han parecido extravagantes. Lo que quiero decir es esto: la música independiente solo existe en consonancia con el mercado, y este se comporta según lo que dictan los consumidores, quienes, a su vez, son encandilados por la repetición en bucle de canciones pegadizas, y a veces simplemente carecen de criterio. Japón tiene una de las mejores escenas alternativas del mundo (la mejor, en mi humilde pero infalible opinión) porque cuenta con el segundo mercado musical en volumen de ventas, solo por detrás de Estados Unidos. Por decirlo de otra forma, haciendo uso de una metáfora minera: cuanto más carbón, más escoria. Hoy voy a hablar del carbón y no de la escoria.

En 2012 se vendieron en Japón 166,62 millones de CDs, la cifra más alta de los últimos catorce años. Los compact discs  hacen caja como si el bufé libre y gratuito que Internet representa desde el año 2000, en aquella parte del mundo hubiera sido solo un sueño. Hay que decir que en Japón la piratería está más o menos bajo control, y que de hecho este mismo año se aprobó una ley que prevé penas de cárcel para quien tenga el valor de bajarse una canción sin haber pagado antes por ello. Si no acabas entre rejas, tendrás que desembolsar un millón de yenes (20.000 euros) para librarte de la justicia. Es una cuestión cultural también, que tiene que ver con las bizarrías del capitalismo nipón. El llamado “síndrome Galápagos” hace que el país se modernice a su aire, libre como el sol cuando amanece, creando teléfonos tan avanzados e incongruentes que solo pueden ser utilizados en Japón. Esto, unido a un crecimiento económico nulo durante los últimos veinte años, después de una década de furioso desarrollo, ha dado lugar a anacronismos impensables en Europa y Estados Unidos, como tiendas de discos a las que la gente va sin ironía ni afectación, sino porque sí.

Cuatro álbumes han superado el millón de copias vendidas: dos “grandes éxitos” de Mr. Children, el disco 1830m, de AKB48, y una recopilación de singles de Kobukuro. En la lista de los más vendidos del año, entonces, estos cuatro monstruos aparecen en las primeras cuatro posiciones.  ¿Y quiénes son? Kobukuro no sé, pero Mr. Children triunfaron en la década de 1990, con varios temas indie-pop aptos para todas las radiofórmulas, algo parecido a lo que hicieron Amaral en España. No creo que sea mala música porque parece honesta, como también lo parece Amaral, pero tiene un público en mente, y ese público es el mismo que decora su casa en IKEA. Mr. Children cuentan con el favor de los oficinistas de treinta a cuarenta años de edad, cuyo poder adquisitivo les permite comprar discos, una o varias veces, para ellos mismos, y también para sus novios y novias, amantes y primos. De ahí que hayan editado, no una sino dos recopilaciones, y que ambas se hayan vendido como si estuviéramos en 1985. Es un regalo tan apropiado, tan navideño y yermo como -por ejemplo- la última novela sobre la Guerra Civil.

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Pero los adolescentes no compran discos sino sencillos, y el single es el imperio de AKB48, que por segundo año consecutivo ocupa los cinco primeros puestos de la tabla. Para quien no lo conozca todavía, baste decir que es un grupo de 90 jovencitas entrenadas en una cadena de montaje, para que bailen y canten y posen en bikini, con el propósito de mover yenes, desde la base de la pirámide hacia su cúspide, en el curso de pequeñas transacciones comerciales. La suma de dichas transacciones es lo que vulgarmente se conoce como beneficios. En concreto, este año AKB48 han generado un total de 170 millones de euros, que sale a mucho a la hora de repartir, incluso cuando hay casi cien bocas que alimentar. Bueno, estas niñas comen como pajaritos y solo necesitan las migajas del pastel. Ellas son la mano de obra, proletarias en una fábrica de chucherías, donde las máquinas son de regaliz y los uniformes huelen a fresa, como las gomas de borrar de Hello Kitty.

Hay un mánager, el genio detrás de la idea, y su nombre es Yasushi Akimoto. AKB48 son el sueño húmedo de cualquier discográfica del mundo: son teens, y van siendo sustituidas por nuevas miembros según cumplen los veintiún o veintidós años; el cambio de unas por otras, la sucesión de quienes seguramente hayan perdido la virginidad por las que seguramente todavía la conservan, se conoce como “graduación”, una etiqueta que, como todo lo que rodea al grupo, trae a colación el universo de Lolita. En resumen, se trata de convertir a adolescentes en niñas, y de hacer que estas se comporten como mujeres. El truco sobre los quinceañeros es doble: el público masculino compra la promesa de un sexo tan distante que parece de plástico, y el público femenino compra el vértigo de un sexo que además de lésbico y platónico es maternal, ya que apunta directamente a las certezas de la infancia. A esto hay que añadir verdaderas innovaciones en la venta del producto, saltándose las reglas impuestas por la cultura digital, y anteriores incluso a la televisión. Así, las chicas de AKB48 tienen su propio teatro en Tokio y actúan allí cada noche, acumulando beneficios a la manera de “Cats” en Broadway.

AKB48 es una franquicia. Las iniciales AKB son una abreviatura de Akihabara, el barrio tokiota donde está situado el teatro. Otros grupos apadrinados por Akimoto son, por ejemplo, SKE48 (cuyo teatro está en Sakae, Nagoya) y NMB48 (Namba, Osaka). Los hay también diseñados para audiencias de más de quince años (SDN48) y los hay internacionales (JKT48 en Yakarta, Indonesia). Varios de estos combinados ocupan trece de los veinte primeros puestos de singles más vendidos de 2012. Tal monopolio no se veía desde los años dorados de la Motown. Pero AKB48 son, por seguir con el ejemplo, las Supremes de todas ellas, las favoritas de Akimoto (un Berry Gordi japonés) y las que llevan años conquistanto el oro, la plata y el bronce. Para evitar el aburrimiento de las niñas, y la languidez monetaria que produce la repetición entre los consumidores, Akimoto ha diseñado un grupo cuya misión expresa es disputar el trono de sus primogénitas. Se llama Nogizaka46 y ya ha entrado en acción, en un combate que promete ser largo y sangriento. Mientras, está prohibido que ninguna de estas nínfulas etéreas tenga novio, lo cual resulta en sonrisas más radiantes todavía. También se rumorea que Akimoto, Rasputín donde los haya, movió montañas de dinero negro para poner en marcha su proyecto, allá por 2004.

AKB48 es la fórmula mágica del pop, la fuente de la eterna juventud. Pero no es un producto perfecto, ni mucho menos. Su talón de Aquiles ya lo he mencionado: la insularidad del capitalismo nipón. A pesar de su éxito, la marca 48 apenas es visible en Europa y EE.UU, y se conforma con exprimir el mercado local, un mercado potente pero estancado y con tendencia a decaer a largo plazo. ¿Qué importan un millón de CDs cuando “todo” sucede online? Mientras, el resto de Asia crece vertiginosamente. Y es que si hablamos de música, 2012 ha sido el año del K-pop. Japón nunca ha tenido un “Gangnam Style”, ni nada parecido, en parte debido a la falta de marketing globalizado, y en parte a causa de la anticuada producción de las canciones. En efecto, el J-pop de AKB48 suena un poco a Britney Spears circa 1999, con claras referencias a los años 80 —la década prodigiosa en Japón— y siempre anclado en el kawaii. El infantilismo del J-pop es un arma de doble filo, ya que atrae la atención de la comunidad global para luego desviarla de inmediato hacia una opinión —”Japón es raro”— que resulta siempre en un producto marginal. Kyary Pamyu Pamyu, la sensación de 2011, tuvo este tipo de efecto.

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El K-pop ha imitado el modelo nipón en lo que a férrea disciplina se refiere, pero ha borrado a Lolita de la ecuación y ha renovado el sonido hasta ponerlo a la altura de los últimos éxitos del Billboard. Hay algo de Skrillex, Lady Gaga, Nicky Minaj y Rihanna en el cóctel coreano, y en sus vídeos las chicas caminan invariablemente como lo hiciera Beyoncé en “Crazy in Love“, todo un acierto de presentación. El elemento sorpresa en Asia continental es la falta de nostalgia, la carencia de ruinas en un paisaje musical sin historia antigua, algo que en el pop occidental —y en Japón también— suele ser un lastre. Aunque su centro sea el hip hop, lo que oímos y vemos son todos los estilos y ninguno: pura alegría, inconsciencia. La anarquía lleva a grandes descubrimientos o por lo menos a aceptar la realidad tal y como es, sin detenerse a rumiar ese dilema eterno de la cultura que es el respeto a la tradición. Así pues, sabemos de sobra que tres minutos de lo mismo es demasiado tiempo en el cerebro del adolescente moderno, pero solamente el K-pop produce en masa sencillos que contienen varias canciones, perfectamente delimitadas y superpuestas. Sirva lo nuevo de Girls’ Generation (dos días en YouTube, casi 20 millones de vistas) como ejemplo.

Una parte de Japón mira a Corea del Sur con tirria nacionalista, y no está de más decir que en los últimos años ha habido manifestaciones callejeras contra la llamada Hallyu, es decir, la “ola” o “marea” de canciones y telenovelas coreanas en los medios nipones. Pero la que protesta es una minoría de insensatos, y lo cierto es que únicamente el autismo y la robustez del mercado nipón le ponen trabas a lo que viene de fuera, venga de donde venga. Toda Asia está plagada de fans y Occidente parece cada vez más abierto a una propuesta que, en principio, por una mezcla de inercia colectiva, arrogancia caucásica y saturación del universo pop con productos made in USA y locales, no debería calar. Por estos y otros motivos, el K-pop es un fenómeno relativamente modesto en Europa, sobre todo si pensamos en el esfuerzo hercúleo que han hecho sus inventores por alcanzar la perfección. En cuanto al patrocinio del país como “marca” en el extranjero, el K-pop es a Corea  lo que el fútbol es a España. Y en el plano artístico, simplemente no es posible añadirle más ni mejor decoración: cada detalle en cada vídeo coreano es una ficción con vida propia.

No se impondrá, o no mientras haya una industria en EE.UU., pero causará impacto. El primer aviso lo dieron 2NE1 hace algo más de un año, con un bassline extraordinario y un vídeo que supera los 60 millones de visitas. Poco después Girls’ Generation provocaron una pequeña tormenta mediática en América, y estos días un crítico del New York Times ha decidido que su concierto fue el segundo mejor de 2012.  Por fin, durante un otoño que prometía ser tan gringo como los demás (“Call Me, Maybe“), Corea se ha comido el mundo con insolencia advenediza. “Gangnam Style” es algo pasajero, y también es una parodia de todo lo que representa. Pero no deja de ser un hito, y por supuesto contiene elementos del K-pop ortodoxo: el color y las coreografías y los bajos sucios, ligeramente dubstep, agresivos e inofensivos al mismo tiempo. Esto último es, en fin, lo que pide el consumidor global: menos kawaii y más música de club nocturno. Y aunque el J-pop vaya aprendiendo la lección —por lo que se desprende de “Help Me“, el último single de Morning Musume va con mucho retraso. Habría que preguntarse, claro, si Japón necesita aprender de nadie. Su industria musical es anómala, pero al menos se puede permitir el lujo de ser independiente sin dejar de ser por ello gigantesca.

Los 20 sencillos más vendidos de 2012 en Japón.

1. 1,820,000 – AKB48 – Manatsu no Sounds good!

2. 1,437,000 – AKB48 – GIVE ME FIVE!

3. 1,303,000 – AKB48 – Gingham Check

4. 1,215,000 – AKB48 – UZA

5. 1,215,000 – AKB48 – Eien Pressure

6. 649,000 – Arashi – Wild at Heart

7. 620,000 – Arashi – Face Down

8. 593,000 – SKE48 – Kataomoi Finally

9. 588,000 – SKE48 – Kiss Datte Hidarisaki

10. 559,000 – SKE48 – Aishiteraburu

11. 559,000 – Arashi – Your Eyes

12. 449,000 – NMB48 – Nagiichi

13. 391,000 – NMB48 – Virginity

14. 376,000 – NMB48 – Junjou U-19

15. 375,000 – Eight Ranger – ER

16. 355,000 – Kis-My-Ft2 – WANNA BEEEE!!!/Shake It Up

17. 353,000 – NMB48 – Kitagawa Kenji

18. 322,000 – Kis-My-Ft2 – We never give up!

19. 320,000 – Kan Johnny∞ – Ai Deshita

20. 305,000 – NEWS – Chanpana