Retro retro retro (segunda parte)

Antes de empezar, no quiero dejar de recordarles que tengo un blog sobre música y cultura tailandesas. Es un proyecto paralelo, que espero crezca y tome forma esporádicamente, a golpe de post.

The Youngman Psychoblues Sazanami Records

Entonces, esta es la pregunta: ¿por qué nos pierde lo “retro”?

  1. Porque la música actual es la definición misma de vómito.
  2. Porque lo nuevo es, para la gente leída y sensible, una horterada.
  3. Porque alguna compañía diabólica decidió que nos gustaría, y nosotros dedicimos que sí, que nos gusta.
  4. Porque ser moderno es ser decadente de una u otra forma.

La respuesta seguramente sea una combinación de las cuatro. Siempre nos han gustado las ruinas, y todo el que hiciera la EGB (o en su defecto la ESO) sabe algo acerca del Renacimiento. La diferencia, dice Elisabeth E. Guffey en su libro sobre el tema, es que la moda “retro” no busca recrear tiempos remotos, sino aquello que sucedió hace apenas unos años. “Retro” se refiere al “pasado moderno”: es un retorno a días mejores, reales o imaginados, pero a la vez y sobre todo es la sospecha de que la actualidad está podrida por dentro. Es también una cuestión personal ya que nadie está satisfecho con lo que tiene o ve o tiene que soportar. Y se acaba creando un mito, es decir, una selección de cómodas verdades. Quien escribe sueña despierto con Etta James, The Shirelles y Sam Cooke. Todos ellos hicieron historia en los estudios de grabación, mientras carecían de derechos civiles en su país. Esto último no es “retro”.

Si hablamos de música, no está de más decir que a medidados de los años 70 ya hubo un revival rockabilly. El álbum Rock ‘n’ roll (1975) de John Lennon pertenece a ese movimiento. La historia de la música pop es un constante regreso a las raíces, y todo grupo que se precie afirma volver a los orígenes imberbes a partir del tercer o cuarto disco. El punk siempre fue un poco rock ‘n’ roll: un reclamo de las guitarras contra la música disco, una vuelta a Chuck Berry, al cuero y nihilismo de Marlon Brando en  Salvaje (1953). “Retro” es resistencia, pero también es globalización, imperialismo cultural o como quieran ustedes llamarlo. Significa añoranza de Estados Unidos en su plenitud, o de Londres en los años dorados del mod. En Japón, Elvis sigue vivo, como todo el mundo sabe. En 2006, cuando aún era primer ministro, Junichiro Koizumi visitó Graceland y se fue por bulerías delante de George W. Bush. 

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El punk japonés se formó en torno a homenajes deliciosamente camp: el antes conocido como Shogo Ishii (ahora Gakuryu Ishii) definió la escena en Crazy Thunder Road (狂い咲きサンダーロード, 1980) y Burst City (爆裂都市, 1982). Ambas cintas parecen un reflejo distorsionado de Grease (1978) James Dean en clave postmoderna, donde John Travolta se parodiaba a sí mismo en Fiebre del sábado noche (1977). El actor repetiría el esperpento en Pulp Fiction (1994). Su director, Quentin Tarantino, estaba destinado a ser el gran mecenas del “retro” nipón en Occidente. Las chicas de The 5.6.7.8’s, que empezaron su carrera vestidas de cuero al estilo de American Graffity (y este había sido otro revival setentero de 1955) se convirtieron en las estrellas de la BSO de Kill Bill, donde Tarantino rendía tributo a Lady Snowblood (1973) y a diecinueve películas japonesas más, la mayoría de los años 60 y 70.

Hay revivals rockabilly, así como referencias constantes a los años 80 y 90, pero casi todo el “retro” musical se remonta al periodo 1960-75. Y suele ser garage en mayor o menor medida. Su espíritu es alternativo, ya que rechaza la producción y se decanta por el arte rupestre de los Beatles en Hamburgo, aunque en verdad suena siempre a The Sonics. Si descontamos el punk, en Japón la subcultura de clubes minúsculos y música sucia dio comienzo en los años 90, justo cuando el llamado “milagro económico” tocaba a su fin. Con la crisis llegó una tendencia inédita: el rechazo de las marcas, el auge de las tribus, el triunfo del hikikomori. Para mí, eso es lo mejor del Japón contemporáneo: una juventud que se aprovecha de la abundancia acumulada por sus padres para vivir en los márgenes, haciendo música radical. Me gusta citar a Lulu’s Marble, porque fueron pioneras y porque fueron especiales. Lo más destacable de este renacer es que estuvo, y está, protagonizado por mujeres. Es, por lo tanto, muy diferente del original.

Hay un retro corporativo, sí. Es un truco de magia y consiste en hacerte sentir como en casa en el Starbucks. La producción musical en Japón avanzó a pasos de gigante a partir de los años 60, y en la década de los 80 se consolidó: hoy es infalible como el Papa, sin ruido de fondo ni rastro de los bocetos. Ya en 1980 el francés Jean Braudillard cargó contra la manera en que Hollywood estaba limpiando la historia con lejía, reproduciendo impecablemente otras épocas, de manera tan perfecta que solo contenían belleza. El gran Gatsby, un libro sobre la llamada Era de Jazz, en la versión cinematográfica de 2013, está lleno de Jay-Z, Jack White y Lana del Rey. Un exceso de jazz no habría funcionado igual en la taquilla. En Japón el “retro” corporativo empieza en la cultura de ídolos, que presenta a niñas vestidas de colegialas y arranca las lágrimas de los oficinistas con una o dos cervezas de más. Hay algo siniestro en todo ello, y no por el uso de Lolita solamente, sino también porque sabemos que detrás de las bambalinas hay gente con MBA’s, calculando gustos y hábitos y tendencias, reinventando la memoria del consumidor y vendiéndosela después.

Y hay un “retro” independiente, que logra hacer de un hobbie ―un fetiche, una adicción― un negocio de suma cero. Es invariablemente modesto, vocacional y sin más pretensiones que satisfacer el deseo de cada uno. En Japón existen cientos o acaso miles de bandas garage, que tocan en las horas libres, y que publican discos periódicamente. Todas rinden homenaje a los Group Sounds (el sonido Beatles de 1966) y al Pinky Violence (el soul lleno de sexo y violencia de 1971). Las discográficas grandes suelen huir despavoridas, a no ser que los grupos sean demasiado guapos y demasiado irresistibles. Hasta que dejan de vender y los despiden. Es el caso de Kinoko Hotel y The Captains. Las discográficas independientes los adoran. El sello Sazanami es ya un heraldo del falso pop sesentero, en el mejor sentido posible. Y celebra estos días diez años de vida. Esa es más o menos la edad del “retro” en su última generación, entre White Stripes y Mumford & Sons. El jefe de Sazanami, Gaku Kamachi, tiene mucho sentido del gusto, y lo aprovecha para diseñar portadas deliciosas: coger el disco, tocarlo, es lo mismo que abrir un libro. Es un placer innecesario en la era digital. Es una perversión, de nuevo en el mejor sentido posible. En Japón se llama natsukashiiEsto es, nostalgia.

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¿Cómo empezó Sazanami?

Mi grupo (Goggle-A) estuvo con Sony hasta finales de 2002. Pero vendíamos poco para estar en una discográfica grande, así que nos despidieron. Y se me ocurrió que era un buen momento para fundar nuestro propio sello independiente. Además, yo tenía contantos con bandas y locales en muchas ciudades de Japón, y en el extranjero también.

Me encanta la música de los 60, sobre todo la japonesa: Group Sounds, Eleki (surf-rock made in Japan) y Cover Pops (las versiones del pop británico, que empezaban haciendo casi todos los grupos). Y me encantan las letras de Kenji Sazanami. Fue un gran poeta (un poco loco, eso sí) de los años 60. Adaptó canciones extranjeras al japonés. Fue muy importante en la historia de la música nipona. [No hace falta que lo diga: Kenji Sazanami se llamaba en realidad Shoo Kusano, y en los sesenta descubrió que podía combinar sus conocimientos de inglés con el negocio de compra-venta de derechos de autor, y tradujo al japonés cientos de éxitos estadounidenses, para ser cantados casi siempre por vocalistas femeninas]. Sazanami significa “onda” en japonés. Así que el nombre era perfecto para un sello como el nuestro.

¿Vendéis muchos discos en el extranjero?

La mayoría los vendemos en Japón. Pero hay locos de los años 60 que compran por correo. Algunos títulos están disponibles en iTunes o plataformas similares. También vendemos bastante cuando uno de nuestros grupos sale a otro país.

¿Por qúe crees que la gente se interesa por la música “retro”?

No lo sé, pero creo que hoy en día la gente puede escuchar cualquier cosa a través de internet. El sonido vintage es muy bueno, la tecnología digital no ha logrado superarlo.

¿Compras vinilos en Japón? ¿Cuáles son tus grupos favoritos?

Sí, pero no soy un coleccionista obsesivo. Me gustan muchos grupos, por ejemplo: The Spiders, The Carnabeats, The Outcast, The Dynamites, Takeshi Terauchi and the Blue Jeans, Yuzo Kayama, Mieko Hirota y por supuesto Kenji Sazanami. [Japón años 60]. Entre los occidentales: Beatles, Rolling Stones, The Who, The Zombies, The Hollies, Beach Boys, The Ventures, Rita Pavone, Brenda Lee etc. Y me gusta Rita Chao [la diva hongkonesa] también.

Entrevista en Radio 3: “Especial Japón”

El otro día hablé con Ángel Carmona en “Hoy empieza todo”, de Radio 3, sobre música japonesa. Ya había tenido la oportunidad de hacerlo cuando apareció Rokku, allá por enero de 2012. Esta vez me pidieron que recomendara tres grupos actuales y eso hice. Este tema de Etsuko Yakushimaru (en la foto) deleitó al personal. El programa al completo merece la pena, no solo por el indie de última generación, sino sobre todo por la elegancia retro del pop sesentero.

Hoy empieza todo con Ángel Carmona – Especial Japón – 31/10/12

Entrevista a Yuri Suzuki

Músico, artista, diseñador, docente. La semana pasada me reuní en el ciberespacio con el mega-facético Yuri Suzuki, y charlamos un rato sobre sus proyectos y su pasado, y sobre los inconvenientes de ser diseñador y que se espere de uno el trabajo no remunerado. Yuri nació en Tokyo en 1980 y desde 2004 ha residido en Londres. Ahora se encuentra en Estocolmo, donde colabora con una compañía en el desarrollo de productos musicales. Y siempre viaja, montando instalaciones, conferenciando y pinchando italo disco. Sin más, ahí va la entrevista.

Si no te importa presentarte para Akane Indie…

Me llamo Yuri Suzuki y… no sabría definir muy bien mi trabajo. Está en algún lugar entre el arte y el diseño. Hago muchas instalaciones, exposiciones y demás. Solía estudiar Diseño de Producto, pero nunca conseguí llegar a ningún lado con eso. Ahora mismo estoy trabajando con una compañía muy buena llamada Teenage Engineering, con base en Estocolmo. Han producido un sintetizador muy interesante, el OP-1… También trabajo como artista independiente y como diseñador a veces… Y solía ser un DJ. Esa es la clave de mi creación, supongo, siempre relacionada con la música.

Hablando de música, he visto que sacaste varios EPs en 2006…

Sí, saqué un EP con el sello [alemán] Muller Records. También viví en Berlín, solo durante medio año o por ahí, y no tuve mucho éxito como DJ, así que decidí no serlo.

[Los EPs de Yuri Suzuki son: “Blue Line EP” (Muller Records, Berlín), “It’s House EP, con EDMX (2006, Affected Music, Londres), “Grothesque London and Tokyo Mix“, Remix para Venus Fly Trapp (2006, iTunes)].

Dices que tu trabajo se centra en la “fisicalidad” de la música ¿Podrías explicarlo?

La base de mi trabajo o mi interés principal está en el arte cinético, en todo lo mecánico. No es tanto la electrónica como los aspectos físicos de la música los que me atraen. Y la segunda característica es el sonido, la música en sí misma. También me fascina investigar cómo el sonido afecta a la gente, cómo altera sus emociones.

Me gusta tu trabajo con tocadiscos… ¿Manipulas los instrumentos tú mismo? ¿Haces tú todas esas conexiones? Es decir, ¿se te da bien la electrónica o tienes a alguien que te ayuda en el proceso de modificar los instrumentos?

Los tocadiscos los manipulo yo mismo, es bastante fácil… Para serte honesto, no sé demasiado acerca de la construcción del aparato y solo un poco sobre electrónica y programación… Pero el tocadiscos es muy primitivo… Otros proyectos como el Sound Chaser por ejemplo, hecho con discos de vinilo desmantelados, son muy difíciles para mí. Para el Sound Chaser [un tren de juguete que rueda sobre “vías musicales” hechas de discos antiguos] colaboré con un ingeniero [Yaroslav Tencer] experto en robótica.

Para mí es como magia…

Ese es mi problema también, tengo la idea en la cabeza, pero a la hora de ponerla en marcha, la cosa se complica. Si no puedo hacerlo yo,  le pido ayuda a alguien. Esto tampoco es fácil, quiero decir que es complicado encontrar un buen ingeniero o programador, o el tiempo necesario…

¿Vives en Londres normalmente?

Entre Londres y Estocolmo. Ahora en Estocolmo sobre todo, porque estoy trabajando para esta compañía.

¿Es un proyecto permanente, entonces?

Sí, porque trabajo desarrollando ideas con ellos. Hacen cosas muy interesantes… Pero mantengo un estudio en Londres. Y hago algunas exposiciones allí. También tengo pensado publicar un libro este año en el Reino Unido. Así que allí pasan muchas cosas.

El libro es sobre tus diseños…

Sí. Y estoy metido en un proyecto con un diseñador gráfico en Londres muy bueno. Es un equipo, más bien, al mismo tiempo hacen instalaciones y diseño social… Muy interesante.

Hablando de Londres y Tokyo, ¿cómo compararías la escena artística y musical de las dos ciudades… por ejemplo a la hora de organizar exposiciones?

La verdad, en Japón es muy complicado. Y Londres ha empeorado algo.  Antes en Londres podías tratar el diseño o el negocio de la creación como cualquier otro negocio. Ahora ya no es así porque el gobierno ha reducido las subvenciones a las fundaciones de arte, por el asunto de las Olimpiadas de 2012, creo. Pero aun así, los artistas tienen muchas fuentes de financiación, como los councils [consejos locales] y otras organizaciones que nos apoyan. En Estocolmo, en Suecia, hay muchas becas. Si quiero empezar un nuevo proyecto de arte o de diseño allí, seguramente encuentre financiación. O habrá alguna beca que pueda solicitar. En Japón, en cambio,  es muy complejo. Acabo de encontrar unas becas, por ejemplo una en un instituto llamado Tokyo Wonder Site. Pero tengo la impresión de que ese es el único instituto en Tokyo que apoya a los artistas jóvenes. Y hay un par de compañías interesantes en este sentido: Pola, una empresa de cosméticos, financia proyectos artísticos, y me dio una beca… pero no es algo que pueda conseguir todo el mundo… así que es bastante difícil. Ahora el gobierno japonés ha invertido mucho dinero en el arte digital, pero es un canal muy estrecho. Yo envié una solicitud y no pasé la criba. Tienes que conocer a alguien que esté dentro, lo que importa son los contactos. Tokyo es muy difícil para un diseñador/artista. No es visto como un oficio respetable y no te tratan muy bien. Una vez me enviaron un email desde una empresa pidiéndome que les hiciera un diseño gráfico. Normalmente no hago diseño gráfico, pero dije que sí. Entonces pregunté por el dinero y me dijeron que no me pagarían, que esperaban que lo hiciera gratis. Piensan que el diseño artístico se hace solo por diversión, no profesionalmente. En Europa es totalmente diferente.


¿Y cómo es cuando tienes que presentar tu trabajo en una galería o un museo…?

Lo mismo: muy complicado hacerlo en Tokyo. Y en todas partes. Si estuviera vinculado a una galería sería mucho más fácil, con un galerista ayudándome a presentar mi trabajo, pero desafortunadamente por ahora no tengo esa ayuda. Se puede exhibir mucho, en museos o, no sé, en alguna compañía… pero es difícil. Acabo de encontrar una galería muy buena, pero creo que ya no hacen exposiciones. Tienen que ser capaces de ganar dinero, esa es la clave. Hay que pagar y hay que tener contactos.

Tú por lo menos puedes hacer lo que quieras, tus propios proyectos. Me viene a la mente la Máquina de Ruido Blanco (White Noise Machine) … ¿La llevaste a India tú mismo?

No, la hice allí, era un proyecto allí, una residencia artística.

¿En Mumbai?

En Nueva Delhi… Yo tuve suerte, alguien me pidió que me uniera a esa residencia. Es una organización artística llamada Khoj, una asociación internacional enorme con muchas ramificaciones en la India. Y como tenían un trato con una galería en Londres, me financiaron la estancia. Ni siquiera tuve que pedir la beca, me la ofrecieron… Siempre es así, coincidencias… Así que fui allí, no por mucho tiempo, un mes y medio, y me dejaron hacer lo que quisiera. Lo que hice fue investigar la escena artística de la ciudad y, al final de la residencia, había una especie de exposición. Presenté dos proyectos para la Máquina de Ruido Blanco. Toda la producción tuvo lugar en India y ahí quedó… [Yuri se la regala a quien quiera o pueda llevársela].

Para mí, lo que haces se parece un poco a lo que algunos músicos del llamado japanoise están haciendo. Por ejemplo, Otomo Yoshihide trabaja mucho con tocadiscos, y aunque es sobre todo músico a veces monta exposiciones.  ¿Estás en contacto con los músicos japoneses?

No sé mucho de los músicos/artistas de Japón. Bueno, conozco muy bien a Maywa Denki [un colectivo de inventores de instrumentos, performers etc.] ya que trabajé para ellos durante cinco años. Supusieron una gran influencia y respeto mucho lo que hacen, muy relacionado con la “fisicalidad” de la música. Y en cuanto a Otomo Yoshihide, la verdad es que le conocí hace poco, cuando puso en marcha una exposición muy grande con tocadiscos [Ensembles, 2009] . Esa fue la primera vez que oí algo de él, hace dos años o por ahí, un tío alucinante. Pero yo siempre he estado más familiarizado con el campo artístico occidental. Por ejemplo, me gusta mucho Christian Marclay, es uno de los mejores artistas sonoros que he visto en mi vida…

¿Francés…?

Creo que de padres suizos, aunque nació en los Estados Unidos… Trabaja en la galería White Cube de Londres. Un gran artista. Y él también ha sido una gran influencia. Y por supuesto, Maywa Denki. Pero no se mucho más acerca del arte japonés… Otomo Yoshihide y… no recuerdo su nombre… Ito… trabaja con luz…

Sí, creo que sé quién dices, ahora no recuerdo [Atsuhiro Ito].

Sí, sí… le vi en directo en Japón.

Sí, yo le vi en Barcelona, increíble… Tú has estado en España también, ¿no?

Sí, estuve en el Sónar, hace dos años.

¿Cómo fue? ¿Qué tal la experiencia? ¿La recuerdas?

Estuvo genial, el Sónar es enorme, pero por dentro es bastante independiente. Lo normal es que los festivales grandes no lo sean. Sónar antes era muy pequeño, ahora es muy popular y grande… pero mantiene el espíritu… Tuve la oportunidad de hablar con uno de los directores, Sergio [Caballero], muy simpático… La impresión fue muy positiva. No pude ver nada, me limité a preparar mi trabajo y a presentarme, pero aun así estuvo muy bien. Me hubiera gustado quedarme más…

La próxima vez…

Sí… También tuve una exposición en Asturias.

¿Asturias?

Sí, en el Laboral.

¿El año pasado?

En 2008… Creo que en España en general se está haciendo arte interesante, también algo de arte técnico, tengo esa impresión, no recuerdo nombres, pero sí que hay trabajos buenos…

Dices que trabajas para Teenage Engineering, una compañía sueca… Y estás desarrollando también proyectos independientes…

En T.E. trabajo con el desarrollo de productos, sobre todo, es una compañía auto-financiada, así que no tienen grandes clientes a los que satisfacer. Producen lo que quieren. Por ejemplo, el desarrollo del sintetizador OP-1 les tomó dos años. Y ahora yo estoy trabajando en dos productos musicales con ellos. Espero que salga algo en el futuro… pero acabo de empezar, hace solo unas semanas, es todo bastante reciente.


¿Y vas a publicar música?

Me encantaría, he enviado algunas demos, pero no ha habido respuesta.

¿Tienes Soundcloud?

Sí, yurisuzuki… Me gustaría producir música, porque no lo he hecho durante mucho tiempo, a lo mejor es hora de empezar otra vez.

Bueno, muchas gracias por tu tiempo… ¡Buena suerte en Estocolmo!

Fuente de las fotos y más información en su blog

YOU CAN LISTEN TO THE INTERVIEW  HERE


KanZeOn: sonido y religión

http://vimeo.com/8845156

Cuando se trata de documentales sobre Japón, dos clases abundan: los musicales, y los que hablan de la convivencia entre tradición y modernidad. KanZeOn indaga en estos lugares comunes y aún así consigue ser estimulante. Dice la nota promocional que es “una exploración meditativa y sensorial del sonido, guiada por músicos budistas y sintoístas del sur de Japón.”  La religión es, pues, el lazo de unión entre todos estos elementos dispares: la quietud y el movimiento, la antigüedad y la vanguardia,  la ciudad y la montaña. Una buena prueba de ello es la presencia de Tatsumi Akinobu, un monje budista que además es un DJ de hip hop y un conocido beat boxer.

Los responsables de este proyecto son Neil Cantwell y Tim Grabham. El primero es un profesor, músico y filósofo experto en espiritualidad japonesa.  El segundo es un director de cine experimental y documentales.

La película viene también con una banda sonora llamada KanZeOn ReIndications, que incluye mixes y remixes de DJ tatsukiIamOmnikidkanevilWoobDJ ta2miescaladeGMC y shinekosei. Aquí puedes escuchar una muestra y una interesante entrevista con los dos directores.

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Más información aquí

A lo mejor te interesa: http://akaneindie.com/2010/07/25/madoka-mayuzumi-en-el-camino-de-santiago/

 

Pika: cine y fotografía

El año chino del conejo (que no es lo mismo que el año japonés del conejo; este empezó el 1 de enero) nos trae  malas y buenas noticias. La mala es el fin de los White Stripes. La buena es que la ex Afrirampo Pikachu, aka Pika, tiene muchos proyectos en marcha. Uno de ellos es Baka, un concierto-barra-exposición-barra-performance que se celebrará en Osaka entre el 21 y el 27 de marzo. En 2004 Pika y Oni (Afrirampo) pasaron varios meses viviendo entre los pigmeos de Camerún. La respuesta que me dieron cuando pregunté al respecto fue genial pero no sació mi curiosidad:

¡¡Comimos bichos y elefante!! Y tocamos tambores de agua todo el día. ¡Cantamos y bailamos con los pigmeos! Nosotras nacimos otra vez en lo profundo del bosque africano. Traíamos agua fresca del bosque cada mañana. Caminamos mucho, con monos, pájaros, ciervos…

Creo que lo que hicieron, demostrando de paso que la sofisticación urbana del Shibuya kei se había tornado rancia, fue estudiar música en su fuente natural: África.  Pika, además de eso, hizo muchas fotografías. Ahora las está revelando. Porque son carretes, de los que se usaban A.F. o Antes de Facebook. Antes de ese pasatiempo que es subir fotos digitales de tus vacaciones y tus hijos, cada año más gordos y más feos, en series de cuatrocientas. La exposición es un largo y pausado reguero de instantáneas que ocupan los años  2004 a 2011, acompañado de música en directo.  Un río que fluye onduladamente a través del corazón de África, flanqueado por los sonidos de la selva. La alternativa orgánica a los colorantes y conservantes de Facebook. Comercio justo. Apetecible.

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Pika Blog

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Pika también es noticia porque vamos a poder verla en la gran pantalla en Europa. Hace ya tres años tomó parte en una película corta o un cortometraje largo (30 mins.) que ahora se va a exhibir en el Reino Unido. No en España, que yo sepa. La película, dirigida por Kasumi Hiraoka, es una ficción experimental sobre un burdel y las mujeres que trabajan en él. Su título: RAKUGAKIIROMACHI, Red Light District Graffiti en inglés. En su formato original, incluye una performance/concierto delante de la pantalla. No sé si también será así esta vez. No importa. Es igual de apetecible.

Red Light District Graffiti forma parte de Melting Borderline, un mini-festival sobre cine japonés femenino que recorrerá varias ciudades británicas. Glasgow, 8/2; Edimburgo, 9/2; Londres, 14/2.

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Melting Borderline

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