“El Japón y su duende” (1963)

Las cosas que uno se encuentra por el mundo. El otro día, en una estantería, en una universidad de Tailandia, una universidad cualquiera en mitad de ninguna parte, descubrí un libro llamado El Japón y su duende. Lo firma José María Gironella, catalán, medio franquista y autor de Los cipreses creen en Dios (1953). De este libro, ambientado en la Segunda República y parte de una tetralogía, se vendieron más de dos millones de ejemplares. Pasa por ser la novela patria más leída del siglo XX y todos deberíamos leerla, o pretender haberla leído, o al menos ser capaces de asentir con aplomo cuando alguien hable de ella en nuestra presencia. En fin, aparte de insistir sobre la Guerra Civil, Gironella fue un japonófilo empedernido, y en 1963 viajó al Oriente para resarcirse. Allí permaneció siete semanas, invitado por el guitarrista Narciso Yepes, mientras este cumplía con las obligaciones laborales impuestas por una larga gira de quince conciertos.

Yepes y Gironella jugando al ajedrez

Todo en este libro es bastante maravilloso, empezando por el estilo, a caballo entre la prosa anticuada y la antropología, y terminando por la fecha, 1963, cuando Japón se modernizaba a pasos de gigante, aplicando la filosofía detrás del origami a la fabricación de aparatos eléctricos impecables. Gironella llega a Tokio después de casi tres días de vuelo (escala en Roma, Beirut, Teherán, Karachi, Calcuta, Bangkok y Manila) y es testigo directo del cambio. Lo que ve le angustia: es una ciudad-andamio, de más de once millones de almas y cien kilómetros de líneas de metro en construcción, una ciudad sin centro, que en algo más de un año acogerá las Olimpiadas con la esperanza de que el mundo sancione la prodigiosa metamorfosis, una ciudad que se desahoga al caer el sol, entregada al pachinko, al alcohol y a las prostitutas, y que ya desde el aire nocturno, antes de aterrizar, parece hecha de luces de neón. Solo se salvan de la hoguera personal de Gironella los trenes aéreos “que se deslizan como pensamientos” por delante de su hotel.

Tokio, 1961-62. Foto: Wim Dussel, collectie IISG, Amsterdam.

Como quien viera derrumbarse la delicada fantasía de los libros de su adolescencia, el autor sufre mucho viendo morir las tradiciones a manos de un puñado de nihilistas melenudos: “muchachos despeinados, ebrios, que, munidos de guitarras eléctricas, avanzaban con brutalidad, paralizando la circulación.” Y continúa: “Varios de ellos pasaron tan cerca de mí que pude ver sus ojos. Me asusté. Revelaban una atávica agresividad”. Es la revolución de la juventud, la única de las revoluciones modernas, incluyendo la francesa y la industrial, que no tiene precedentes en la historia universal. Gironella nos habla de Teiko Shumiza, quien le acompaña a varios sitios como guía. Teiko es un estudiante atormentado, un rebelde sin causa, incapaz de seguir los pasos de su padre. Todos le observan y censuran desde la trinchera, y afirman que está abocado al suicidio, como tantos jóvenes en Japón. En otras palabras, este personaje podría haber salido perfectamente de la imaginación de Haruki Murakami.

Disco nipón de Narciso Yepes. King Record, 1957.

Gironella menciona las guitarras eléctricas que, por algún motivo, los jóvenes llevan colgadas al hombro mientras juegan a las tragaperras. Esto es interesante, porque en 1963, hasta donde yo sé, todas las guitarras eléctricas en Japón eran importadas. Solo comenzaron a fabricarse en 1964, año en que se vendieron casi 800.000, un verdadero boom, propiciado por la gira de los Ventures. La fiebre eléctrica no surgió de la nada. Como indica la expectación ante la visita de Narciso Yepes (las entradas llevaban meses agotadas) la afición a la guitarra en Japón va mucho más allá del rock ‘n’ roll. La guitarra española llegó a Tokio a finales del siglo XIX y no tardó en popularizarse. En el Japón cosmopolita de los años 20 había revistas musicales especializadas, y se organizaban recitales con nombres tan exóticos como “La noche española”, donde se tocaban temas de Falla y de Pujol. En 1929 Andrés Segovia desembarcó en Japón, fue recibido con honores de héroe, y triunfó con tres grandes conciertos en Tokio, Osaka y Kobe. Así que cuando Gironella afirma que los clubes de guitarristas de Japón cuentan con tres millones de socios, a uno la cifra no le pilla desprevenido. Los conciertos de Yepes eran seguidos con absoluta reverencia y con una enigmática sonrisa:

Los japoneses, inmóviles en sus asientos, miraban al concertista, éste en el centro del escenario, iluminado por un foco, y parecían inmersos en un baño de éxtasis. Gente de toda edad, pero preferentemente joven, formaban un público tan infinitamente repetido que las hileras de butacas parecían tirillas de fotos-carnet. Al final de cada pieza, las sonrisas se convertían en aplausos lentos pero densos, en aprobatorios movimientos de cabeza, en gritos; pero siempre presididos por una serenidad en las facciones propia de la elevación espiritual. La gente escuchaba con unción, se entregaba. Y al término del concierto programado, nadie se movía. La sala entera solicitaba un bis, y otro bis, y otro. Narciso Yepes, cada vez más rodeado de ramos de flores, complacía a sus oyentes. La noción del tiempo se había esfumado. Los conciertos duraban tres horas, tres horas y media…

Gironella viaja por el centro y sur de Japón, visita islas volcánicas y hasta contrata los servicios de una geisha, que se esfuerza por recordar poemas en español. Lo que más le atrae son los paisajes y la exquisita elegancia de las formas tradicionales. No es un turista cualquiera: le fascinan los hospitales, los cementerios y los manicomios. Pasa unos días en Nagasaki, donde por supuesto visita el Hospital de la Bomba Atómica, y donde Narciso Yepes improvisa un concierto de dos horas con la guitarra de uno de los enfermos. La intérprete que le acompaña casi todo el tiempo, Mikedo, es el símbolo de la nueva mujer japonesa, independiente y educada. Hay una escena, en el penúltimo capítulo, en la que Mikedo y Gironella parece que van a besarse. Mikedo detesta a los hombres japoneses y Gironella, un hombre casado, sufre de lo que vulgarmente se conoce como “fiebre amarilla”. Al final, a pesar de la crisis de valores en la que ambos se ven inmersos, el sentido común y la diplomacia impiden cualquier posible intercambio amoroso.

En 1964, la revista LIFE dedicó una serie de fotografías al despertar de la juventud nipona. Foto: Michael Rougier.

El Japón de madera y de silencio concuerda con lo que el autor conoce por los libros, pero la modernidad nipona le cae como un chorro de agua fría, arruinando su orientalismo. El enamoramiento de los japoneses con todo lo proveniente de los Estados Unidos era a veces conocido como Las Tres Eses (Screen, Sports, Sex), aunque a esta fórmula quizás habría que añadirle la R de rock ‘n’ roll. Japón  dejó de estar bajo control militar estadounidense en 1952, pero el flujo de información a través de la radio y la televisión no hizo sino crecer, de tal forma que la americanización del país es el tema recurrente de El Japón y su duende. En los años 60, la guitarra tenía que ser eléctrica [y] los bailes espasmódicos”. Casi todas las vistas están viciadas por un slogan o por una cabina telefónica, y así el autor se ve constantemente obligado a desistir de su deseo y a extraer la dulzura de su melancolía. Lo peor es el ruido y la fealdad, y el chicle, y la Coca-cola y los jóvenes como Taiko. Este se presenta en la fiesta de despedida “despeinado, visiblemente borracho y como si hubiera bailado muchos twist con alguna mujer mayor que él”. Es 1963 y Gironella no tiene ni idea de lo que aún está por llegar.

José María Gironella, El Japón y su duende (Plaza & Janés, 1975).

6 pensamientos en ““El Japón y su duende” (1963)

  1. Me ha dado curiosidad la visión que puede ofrecer ese libro del Japón de los 60s que tanto me atrae, a ver si doy con él (tan sólo espero no tener que irme hasta Tailandia para encontrarlo xD)

  2. ¡Hola! Soy un seguidor de tu blog. No suelo dejar comentarios en los blogs, pero tenía que darte las gracias por esta entrada y todas las demás. Un saludo desde Kobe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s