Carmen de Kawachi: Habanera

Hoy, día de bastantes efemérides, por aquí celebramos el cuarenta y tantos aniversario de la versión japonesa de “Habanera. Me parece que la canta Yumiko Nogawa, la actriz protagonista de la película en la que suena, aunque el crédito recae sobre el productor Taichiro Kosugi. La versión original hace las veces de single en la BSO (discúlpenme el vocabulario los puristas) de la ópera Carmen, compuesta por Georges Bizet en 1875. Me sopla internet que la letra en français fue escrita por Henry Meilhac y Ludovic Halévy, para ser entonada por la joven gitana protagonista. Maria Callas es la intérprete de “Habanera” por excelencia, aunque en Barrio Sésamo tampoco lo hicieron mal.


“Habanera” en japonés aparece en la película Carmen de Kawachi (Kawachi Karumen, 河内カルメン, 1966), de Seijun Suzuki. Es la historia de Tsuyuko (Yumiko Nogawa) una chica de pueblo pero con ambiciones y belleza que emprende una nueva vida en la gran ciudad, por una vez Osaka y no Tokyo. Allí, como es de prever, solo encuentra cinismo, alienación y decadencia… En resumen: el choque lírico-violento de tradición y modernidad en el Japón de la postguerra. A pesar de la sinopsis, Carmen de Kawachi es una comedia con tintes eróticos. Y a pesar de la frivolidad de las imágenes, un poco al estilo de Desayuno con Diamantes (1961), el papel de Nogawa es dramático. Y lo borda.

[Aquí el tráiler. Es posible que venga precedido de un anuncio. Aparte de ser, anuncie lo que anuncie, una gilipollez, dura como  dos horas. Si sale, le puedes dar a la equis y no verlo.]


Seijun Suzuki es uno de esos directores de serie B, fabulosos por derecho propio, que muchos descubrimos gracias al eco del revival y al entusiasmo hiperactivo de Quentin Tarantino. En los cincuenta y sesenta Suzuki trabajó bajo contrato para la productora Nikkatsu y, durante las cuarenta películas que rodó a sus órdenes en apenas doce años, se enfrentó constantemente a la censura creativa. Que no se desviara, le decían, que se ciñera a la marca de la casa (hombre se enamora de la mujer del gángster, hombre mata al gángster, hombre huye con la viuda del gángster) y se dejara de cine de auteur. Según iba encontrando su voz, según se adentraba en la originalidad, según avanzaba la década de 1960, los jefes de Nikkatsu le reducían el presupuesto. Así ocurrió tras Carmen de Kawachi y las siguientes, hasta que por fin le despidieron en 1968.

Nikkatsu fue antes que nada especialista en el género negro. Produjo cientos sino miles de cintas baratas, casi todas de gángsters o yakuza, casi todas inencontrables. (Leí por ahí que era común tirar las copias originales a la basura para hacer hueco en las estanterías. Trágico pero cierto.) En los setenta, Nikkatsu dio con un filón de oro al invertir buena parte de sus fondos en pagar a un puñado de actrices para que se quitaran la ropa con frecuencia y para que, al final de cada película, dieran sangrientas palizas a chulos y traficantes y toda suerte de sádicos sexuales. El sexploitation japonés, también llamado pinku eiga y a veces pinky violence y a veces roman porno. Carmen de Kawachi, la tercera de una trilogía que incluye la famosa Historia de una prostituta (1965) ya apuntaba en esa dirección.


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