Ryuichi Sakamoto: Tacones lejanos

En el año 1991 Ryuichi Sakamoto estaba de moda. A uno no le dan un Oscar todos los días y a Sakamoto se lo habían dado en 1987 por la banda sonora de El Ultimo Emperador, de Bernardo Bertolucci. (Debo confesar que hasta ahora pensaba que había sido por El Imperio del Sol, que me gusta mucho más.)  Almodóvar estaba de moda también: en 1988 habían nominado a sus Mujeres al borde de un ataque de nervios al Oscar a la mejor película extranjera, y Hollywood babeaba copiosamente a su vera.

Pedro venía de la “movida” madrileña y Ryuichi de la “movida” tokiota, es decir, de la escena New Wave. Su banda, Yellow Magic Orchestra, fue pionera del electropop a nivel mundial (casi nada) y hasta la fecha es una de las pocas formaciones japonesas que ha alcanzado fama y reconocimiento fuera de su país de origen.

Un día de 1991, pues, Sakamoto cogió el teléfono en Tokio y al otro lado estaba Almodóvar (esta es una escena hipotética) hablando desde La Mancha como una metralleta. Después de media hora o cuarenta y cinco minutos, se hizo el silencio y Sakamoto aprovechó para preguntarle quién era y qué quería. Al final, en el inglés almodovariano, pudieron entenderse y el músico japonés terminó escribiendo el tema principal de Tacones Lejanos.

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