La “world music” y los Yoshida Brothers

La etiqueta “músicas del mundo” suena a ONG y a corrección política. Música muy comercial, también. En los últimos quince años aproximadamente ha habido un verdadero boom de los sonidos híbridos. Esto se ha traducido en infinidad de emparejamientos: rollos de una noche, matrimonios más o menos de conveniencia y desatadas orgías de estilos e instrumentos que hasta ahora nadie había logrado o sabido sintetizar. Manu Chao hizo maravillas, y ya es un clásico. Otros han hecho estropicios. Añadirle a Mozart una batería (una batería de estudio, para mayor ofensa) es un crimen de lesa humanidad del que Luis Cobos nunca debería haber sido absuelto. La británica nacida en Singapur Vanessa-Mae ha tenido mucho más gusto a la hora de interpretar a Tchaikovski y otros nombres de latitudes frías. Aunque es cierto que lo hizo saliendo del mar como Venus, o más bien como Lolita, para gusto de su casa discográfica.

La era digital lo ha revuelto todo, musicalmente hablando, y muchas veces para bien: el techno ha jugado con casi cada instrumento imaginado y por imaginar. Las guitarras españolas las hemos visto por doquier y de la mano de amantes insospechados como el jazz latino y, en fin, hasta las gaitas -perdonen la insolencia pero a mí siempre me han sonado un poco a San Martín- se han electrificado y ya son modernas o sexy o cool.

Las llamadas “músicas del mundo” están destinadas a un público global, con poder adquisitivo y ansioso por conocer otras culturas. Hasta aquí bien. El problema reside en la comercialización y en el fino barniz de “autenticidad”, a veces tan creíble, tan perfecto en su ejecución que uno sólo puede imaginarse a los dos extremos de la cadena productiva dándoles forma, concibiendo su destino y utilidad futuros: a un pastor del Alto Atlas sentado en una roca, a un MBA de Harvard con su Power Point. Me recuerdan a esos cuencos de cerámica de colores vivos que venden en el Rastro (Madrid) y en las tiendecitas de regalos de Ronda (Málaga) y en el mercado indígena de Quito (Ecuador) y en una plaza de Budapest (Hungría) cuyo nombre no recuerdo. Todo el mundo los considera “típicos”, pero son iguales los unos a los otros. Cuando digo iguales, quiero decir que son idénticos, exactamente los mismos. No son el producto de manos antiguas sino la idea perversa de un empresario avizado.  En definitiva, la “world music” no es “música del mundo”, es un cartel publicitario. Sobre todo, el noventa por ciento es artísticamente paupérrimo: no eleva el espíritu, ni lo alegra ni lo excita, sino que lo deja tonto, en un estado de ni fu ni fa, cual melodía de ascensor: un coñazo absoluto.

Hay, por supuesto, músicas y músicas, y no todo lo que lleva la etiqueta de “world music” tiene efectos depresivos en el alma. Yoshida Brothers (o Hermanos Yoshida o Yoshida Kyodai) es un buen ejemplo. Se trata de dos hermanos que le dan vueltas y revueltas al Tsugaru-jamisen, un estilo musical tradicional originario del norte de Japón. Llevan haciendo música desde finales de los 90 y han vendido cientos de miles de copias de sus álbumes. Han estado de gira por España y su éxito no hace sino aumentar. A mí me suenan muy bien, a la manera del mauritanio Daby Touré y otros nombres africanos. Principalmente, evitan los errores más comunes de la ” world music”: un pegote de tradición con arreglos modernos sin gracia ni profundidad alguna. Los Hermanos Yoshida ofrecen algo más, música del mundo de verdad. No te pierdas, por ejemplo, su versión del “National Anthem” de Radiohead:

  • Nombre: Yoshida Brothers.
  • Estilo: folk, tradicional japonés, pop, rock.
  • Te gustarán si te gustan: las buenas músicas del mundo.
  • Son: Rioichiro Yoshida, Kenichi Yoshida.
  • Empezaron a estudiar el estilo Tsugaru-jamisen en 1989, y hasta ahora.
  • Discografía: Publicados internacionalmente: Yoshida Brothers (2003), Yoshida Brothers II (2004), Yoshida Brothers III (2006), Prism (2009). En Japón: Ibuki (1999), Move (2000), Frontier (2003), Renaissance (2004). Todos con DOMO Records.
  • Puedes comprarlo en Amazon, iTunes etc.
  • Trivia: otra de las versiones curiosas que han hecho es la de un tema de Pesadilla Antes de Navidad (“Nabbed”), que apareció en el disco Nightmare Revisited (2008) de Disney.

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